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La Red transmite opiniones, informes y documentación que versan sobre el envejecimiento de la población sin que ello implique adhesión a lo expresado por los autores y/o fuente de información. Asimismo el objetivo es fomentar el debate acerca de los temas que se formulan en las diversas disciplinas que convergen en la problemática.
Entrevista a Paul Krugman: ECONOMÍA MUNDIAL CORRE EL RIESGO DE UN LARGO ESTANCAMIENTOMientras muchos analistas se entusiasman con deseados "brotes verdes" en las mayores economías de Occidente, el premio Nobel del 2008 alerta sobre una larga "década perdida" para la economía mundial, similar a la de Japón en los 90. Usted está advirtiendo que lo que le pasó a Japón podría ocurrirle a todo el mundo. El PBI japonés a fin de este año no será más alto que en 1992: 17 años perdidos. Nos está diciendo que esto es un claro riesgo para la economía del Atlántico Norte, y quizás del mundo. Sí. No se ve que el riesgo del "síndrome de Japón" haya cedido mucho. El peligro de una Gran Depresión total, generalizada, un colapso absoluto, se alejó bastante en los últimos meses. Pero este primer año de crisis fue mucho peor que lo que a Japón le pasó en diez años. El riesgo de una estanflación prolongada es realmente alto. ¿Qué motiva su pesimismo? ¿El derrumbe del sistema bancario? Alguien podría retrucarle: "Un momento, Japón es un caso especial. Tenía un sector exportador desproporcionado, que se había vuelto demasiado grande para un mercado estadounidense que había saturado. El yen estaba muy, muy sobrevaluado. Y esto se potenció con una contracción del crédito y derrumbe del sistema bancario. Las medidas que Japón tomó llegaron siempre tarde. No es el caso de EE. UU. o del Reino Unido.
Hay muchos que hablan de Japón pero con pocas evidencias. Lo que sí sabemos es que normalmente, en todas partes, las recesiones terminan porque la autoridad monetaria baja mucho las tasas de interés, y eso reactiva. Y lo que sabemos de Japón es que ellos llegaron a bajar sus tasas a cero y que no alcanzó. Hasta ahora, aunque hicimos las reducciones más rápido que los japoneses y llegamos a cero, no alcanza. Hemos bajado al piso, como ellos: más allá de eso, todo es más o menos conjetura. Por ejemplo ¿cree que lo peor en Japón fueron los problemas con los bancos? Se habló mucho sobre racionamiento del crédito, pero no fue tan contundente. Si miramos la reactivación japonesa, no ha habido un gran aumento de la inversión empresaria. Sí, crecieron las exportaciones. Pero ¿solucionar el problema de los bancos fue fundamental para el aumento de las exportaciones? En el caso japonés, los problemas tuvieron mucho que ver con la demografía: los hacía exportadores naturales de capital, por los ahorristas mayores, y también les dificultaba tener demanda suficiente. Sufrieron, además, una tremenda burbuja en los 80, y su terrible legado un sector empresario fuertemente apalancado fue y es un lastre para la economía. La magnitud del shock en nuestros sistemas va a ser mucho mayor que en Japón en los 90. Ellos nunca tuvieron su economía en caída libre, un período en que su PBI retrocediera 3 ó 4%. No es para nada claro que las diferencias de fondo en la estructura de la situación sean significativas. Lo que sí sabemos es que el límite cero es real. Sabemos que hay situaciones en las que la política monetaria corriente pierde toda tracción. Y que hoy estamos en una de esas situaciones.
- Entonces para usted la crisis japonesa se debió a exceso de deuda, exceso de apalancamiento y falta de demanda, todo esto reforzado por la pinchadura de la burbuja de activos. No tuvieron una contracción crediticia de una escala ni parecida a la de ahora, pero aun así las tasas cero no lograron reactivar la economía. Exacto, exacto.
Pero un optimista diría que hay indicios por todas partes de que la tracción que usted dice que no existe, está. Las bolsas de Londres y Wall Street y casi todos los mercados del mundo tuvieron un repunte de 2025%. Mejoran todos los indicadores de confianza empresaria. Están las primeras señales de que el mercado inmobiliario ya llegó a su piso en EE.UU. Eso le diría un optimista.
- Pero todo eso apunta a una menor velocidad de la caída, no a una reactivación real. ¿Quién sabe si lo de la bolsa tiene un significado? Las bolsas ya descontaron la posibilidad de un apocalipsis hace unos meses. Ahora esa posibilidad parece más remota, por lo cual es lógico que los mercados suban, pero eso no significa que la economía va a andar muy bien. Si usted compara no con dónde estaban hace tres meses, sino hace dos años, verá que todavía están muy deprimidos. Espero equivocarme, pero la pregunta que uno tiene que hacerse es: ¿de dónde vendrá esta reactivación? No es fácil de contestar.
- Usted ha subrayado el papel de los balances complicados, que disuaden a consumidores y empresas de sus propósitos de gastar y, así, retrasan la actividad económica. ¿Esta va a ser una reactivación condicionada por los balances?
Probablemente sea cierto que los hogares se empobrecieron mucho por la desvalorización de las viviendas y las acciones. Y es posible que, con toda esta deuda, tengan problemas con el gasto. Y, sí, la economía del Atlántico Norte se sostuvo en gran parte en enormes booms inmobiliarios. Los economistas tienen abundante teoría sobre el modo en que los problemas de balance pueden causar crisis financieras y económicas, pero siempre lo pensamos en términos de países del Tercer Mundo con deudas en moneda extranjera. No nos dimos cuenta de que había muchas otras formas en que esto podía ocurrir.
Entonces, ¿un modo de pensar esto es que las crisis financieras autopotenciadas, derivadas de la sobreexpansión y sobreendeudamiento de empresas y de gobiernos de países menos desarrollados (como las de la Argentina e Indonesia en los 90 y en los 2000, que fueron devastadoras pero localizadas) hoy se despliegan en el mundo desarrollado?
En realidad hay dos relatos. Uno es a la manera japonesa, donde se acaba el margen para bajar las tasas de interés. Otro, a lo indonesio y a la argentina, donde todo colapsa por problemas de balance.
Así que, en dos palabras, según usted se trata de...
La "niponización" de la economía mundial con varias "argentinizaciones" agudizando la crisis. Pero aun cuando estas últimas pasen, queda la niponización de la economía mundial, lo cual ya es mucho.
- ¿Qué fue lo central del problema japonés, de los 17 años sin rumbo?
Que los problemas de balance tardaron mucho en resolverse, creo. Y es difícil tener suficiente demanda en una economía con una demografía muy adversa...
¿Qué países están más cerca de niponizarse, de combinar problemas de balance con poblaciones que envejecen?
Estados Unidos no tiene esa combinación. Pero Alemania e Italia, sí. Francia está mejor y Europa, en su conjunto, está mucho mejor. Alemania tiene semejanzas impensadas con Japón.
Usted habla de la niponización de la economía mundial. No estoy tan seguro de ello. Pero hablaría de la niponización de Europa a través de una economía alemana que tiene el mismo problema... lo cual ya empieza a ser un problema mundial.
Alemania tiene una demanda interna insuficiente, lo que le genera enormes dificultades. Su reactivación en los primeros siete años de esta década se debió a que generó un superávit gigantesco de cuenta corriente. ¿Cómo es posible que Alemania, que no tuvo burbuja inmobiliaria, tenga una caída del PBI más abrupta que cualquier otra economía central? La respuesta es que los alemanes dependían de sus exportaciones a los países de Europa afectados por la burbuja, y por eso, de refilón, al perder esas exportaciones, fueron más afectados que países con burbuja. Lo preocupante es una Alemania a escala mundial. Nos inquietamos por el lado del ahorro mundial que viene de Asia y de Medio Oriente; pero dentro de Europa hay una saturación de ahorro europeo que viene de Alemania. Y es mucho mayor en proporción con el tamaño de la economía.
- Además, hay una crisis bancaria potencial descomunal. El FMI advierte que Alemania podría tener que asumir al menos US$ 500.000 de reducciones de valor que sus bancos todavía no empezaron a reconocer.
- Ese es el enfoque financiero. Es importante ver el estado financiero de los bancos. Pero siempre tenemos que ver también el lado real de la economía. Que el problema sea esencialmente financiero es una hipótesis, pero no es de ninguna manera una hipótesis que podamos dar por cierta.
- Entonces, aun con todo lo que pasamos, ¿usted dice que es sólo una hipótesis que la causa de la crisis sea financiera?
Que la causa sea primariamente financiera es una hipótesis. Lehman y todo eso, por supuesto, nos puso a todos en alerta. Y disparó una inmediata caída de la demanda. Pero el derrumbe inmobiliario iba a ocurrir indefectiblemente.
La baja de la inversión empresaria en gran medida responde a la sobrecapacidad, que es el resultado de la caída de la demanda de los consumidores y la crisis inmobiliaria. Por eso digo que no sabemos.
Claramente, restablecer la estabilidad de los mercados financieros es una condición necesaria para la reactivación. Pero no estamos seguros de que sea suficiente. Eso asusta mucho. Bueno, es por eso, en parte, que estoy tan deprimido.
Usted mostró un gráfico que sugería que pasamos 12 meses de una crisis que, según usted piensa, va a durar 36, aunque menos aguda. Así es.
Es terrible que piense que será tan grave. Si medimos la recesión estadounidense de 2001 por el momento en que el mercado de trabajo empezó a repuntar, fueron 30 meses hasta que el desempleo bajó. ¿Entonces sigue defendiendo el rol clave de la política fiscal?
Sí. Las políticas fiscales son lo mejor, sin duda algo que se puede hacer para mitigar la recesión. Dicen que la política fiscal japonesa, toda esa infraestructura, fue un desperdicio. Pero sí ayudó a sostener a la economía y evitar el colapso. La política fiscal puede hacerlo: da tiempo al sector crediticio para reconstruir sus balances. Hoy todo indica que debemos ser expansivos en lo fiscal porque, aunque no estemos seguros de que nos dé una solución a largo plazo, evitar la catástrofe es importantísimo.
Si eso es lo que cree, ¿le parece que Obama está haciendo lo suficiente en cuanto a política fiscal? Tenemos un estímulo de un poco más del 5% del PBI de un año, pero que en parte no es real, algo que igual iba a ocurrir y no es muy estimulador. Lo cierto es que el estímulo real es de un 4% del PBI, pero a lo largo de dos años y medio. Por lo tanto, es mucho menos de lo que yo proponía.
¿Será suficiente entonces? Para restablecer el pleno empleo tendría que ser probablemente de 5% o más. Más de lo que hay seguramente estaría bien. Y quizás ocurra. Me llegaron rumores de que habrá una segunda ronda.
¿En serio? Cuando dice que "le llegaron rumores"...¿lo consultaron? Uno lo oye de gente que habla con gente que habla con gente.
¿Qué tan serio le parece el argumento de que el crecimiento de la deuda pública no dejará lugar para un crecimiento espontáneo de la deuda privada y de las empresas? ¿Eso ya está pasando con la suba de tasas de interés de largo plazo en EE.UU.? Lo que pasa con las tasas de largo plazo es que son un promedio ponderado de tasas de corto plazo estimadas para el futuro. Los movimientos de las tasas de largo plazo están relacionados, en gran medida, con lo que la gente piensa que van a ser las tasas de corto. Mire, las tasas reales subieron apenas. Lo que parece haber subido es el índice de inflación esperado, que aún se encuentra por debajo de la meta de la Fed. Por eso, lo más probable es que los mercados estén descartando menos la posibilidad de catástrofe deflacionaria. Entonces, en dónde está usted en el debate sobre las formas de la reactivación? ¿Será en V? ¿En L? ¿Una recuperación en W? Hay una posibilidad de algún tipo de reactivación a medida que los dólares del estímulo comiencen a circular y se produzca una recuperación casi automática de la producción industrial cuando se acumulen stocks. Pero luego volveremos a deslizarnos. La idea de que llegamos a un fondo y rebotamos es demasiado fácil.
Controlar al monstruo financiero y dar estímulo fiscal. ¿Y dejaría sin tocar la manera norteamericana de hacer capitalismo? No soy tan titánico en esto. Veo lo que hacemos más bien como algo práctico Sólo quiero un Estado de bienestar más fuerte y un poco más de socialdemocracia. Y que se restaure un poco el movimiento sindical, como contrapeso. No estoy seguro, quizás no lo estoy pensando demasiado en profundidad. Me parece que tengo la misma actitud de Keynes, que buscaba soluciones casi técnicas. Uno busca modos de reparar las partes que no funcionan, más que reemplazar el todo. El costo humano de esta crisis es mucho peor en los Estados Unidos que al otro lado del Atlántico. Por eso es un buen momento también para impulsar una mejor red de seguridad social en EE. UU.
Por último, usted ha tenido una posición crítica sobre Obama. ¿Qué opina ahora? Cada vez estoy más contento con él. Podrían haber lanzado un estímulo mayor. Pero los veo más enérgicos. Yo habría sido más agresivo con los bancos. Veremos si hace falta volver a dar esa pelea más adelante. La cuestión salud se ve muy bien, soy más optimista sobre la reforma. Lo del cambio climático parece que se va a hacer. Por eso apuesto cada vez más a que esto será la clase de New Deal que yo esperaba. Fui escéptico, pero él es inteligente. Impresiona. Y es un alivio tener a alguien respetable en la Casa Blanca.LO PEOR DE LA CRISIS EN MATERIA SOCIAL Y POLÍTICA ESTÁ POR VENIR
Por Hui Min Neo
GINEBRA (AFP) — Lo peor de la crisis económica en materia política y social "está por venir", advirtió este martes el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Pascal Lamy, que arremetió de nuevo contra toda tentativa proteccionista."Lo peor de la crisis en materia social está por venir; esto quiere decir que lo peor de la crisis en materia política está por venir", advirtió este martes Lamy en una rueda de prensa en Ginebra.Las repercusiones de la crisis servirán para probar la resistencia de la OMC como institución capaz de contener el proteccionismo, agregó Lamy, en el marco de una conferencia de dos días sobre la Ayuda al Comercio."Si de verdad se quieren mantener los intercambios comerciales abiertos, se debe comprender (...) que la mejor forma es seguir abriéndolos", de ahí "la urgencia" de concluir la ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial, añadió, la víspera de la cumbre de los países del G8 en L'Aquila (centro de Italia). La Ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial fue iniciada en 2001, pero desde entonces se ha visto estancada por los desacuerdos entre países industrializados y en vías de desarrollo sobre los aranceles aplicados a los productos agrícolas e industriales.
Respecto a la reunión del G8, en la que participará, Lamy dijo que su mensaje "será muy parecido" al que dirigió al G20 de Londres, en abril, y subrayó su intención de seguir "luchando contra el proteccionismo, que está ahí".La OMC denunció el miércoles pasado nuevos movimientos proteccionistas entre sus 153 países miembros y revisó a la baja sus previsiones sobre el comercio mundial. Éste se contraerá, según el informe, un 10% en 2009. El volumen de comercio de las economías desarrolladas se contraerá un 14%, mientras que el de las economías en desarrollo retrocederá un 7%.El informe del miércoles pasado precisó que sin tomar en cuenta las medidas aplicadas ante la pandemia de gripe porcina, se adoptaron más del doble de barreras al comercio que medidas que lo liberalicen."El impacto de la ralentización de los intercambios comerciales será más duro para los países en desarrollo", advirtió Lamy este martes.
Debido al estancamiento esperado de los intercambios comerciales, la ayuda al comercio "se ha convertido hoy en esencial", subrayó Lamy.El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, que participó en la conferencia de la OMC el lunes, advirtió de que algunas de las medidas de estímulo introducidas por diferentes gobiernos para ayudar a las industrias más afectadas por la crisis podrían "descontrolarse" a medida de que crezca el desempleo."Los países industrializados han utilizado subvenciones para sus sectores en dificultades, mientras que países con menos recursos aumentan de forma selectiva sus barreras aduaneras", dijo. "Estas tendencias pueden descontrolarse fácilmente en los próximos meses a medida que el desempleo crezca", añadió.Envejecimiento de la población mundial aumentará la incidencia del Parkinson
La creciente incidencia del Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas se traducirá así en una carga suplementaria para las redes informales sanitarias, que ya se encuentran saturadas, indicaron.
En muchos países, los pacientes tienen una sobredependencia de los servicios de asistencia voluntaria, debido a "una falta de recursos institucionales apropiados, consistentes y asequibles", indicó Mary Baker, presidenta de la Sociedad Europea de la Enfermedad del Parkinson.
Con el envejecimiento de la población, "el coste será astronómico para las naciones si no se toman acciones inmediatas", advirtió Baker.
Paralelamente, el Día Internacional de la Enfermedad del Parkinson persigue este año desmentir muchas creencias erróneas que se tienen sobre este mal, que afecta a 6,5 millones de personas en el mundo.
Los aquejados de lo que James Parkinson, el doctor inglés que diagnosticó por primera vez esta enfermedad, llamó "parálisis temblorosa" se sienten a menudo rechazados por sus movimientos descontrolados o confundidos con personas bajo la influencia del alcohol y las drogas.
Los síntomas incluyen rigidez muscular, dificultad para iniciar movimientos, falta de equilibrio y lentitud en las acciones voluntarias.
"En el mundo actual, es necesario moverse rápidamente, comunicarse a través del lenguaje corporal y de las emociones", comenta el psiquiatra francés Philippe Nuss, del hospital Saint Antoine de París. "Y el Parkinson ataca precisamente estas tres áreas", resume.
Para Marie Vidhaillet, neuróloga del hospital parisino Pitié Salpetrière, vivir con esta enfermedad es como el clima inestable de marzo, con una secuencia impredecible de días buenos y malos. "Tienes que aprender a vivir con ello sin sucumbir", explica.
El Parkinson se debe a la muerte de las neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor químico que regula, entre otras cosas, el movimiento del cuerpo.
Algunos medicamentos compensan esta falta de dopamina, pero son imperfectos. Aunque también existen tratamientos de neurocirugía, éstos sólo resultan eficaces en un 5% de los casos.
Otras de las ideas erróneas que envuelven este mal es que se trata de una enfermedad que padecen sólo las personas mayores, según Vidhaillet.
Al menos el 10% de los enfermos en Francia tiene menos de 45 años, pero "muchos médicos no piensan que se trate de Parkinson si el paciente" tiene esa edad, agrega.
"En nuestra sociedad, donde nadie tiene derecho a envejecer, esta enfermedad está doblemente estigmatizada", lamenta Vidhaillet.No serás padre de tu padre
Por Graciela Zarebski
Así como los abuelos no deberían asumir el rol de padres de sus nietos, los padres no deberían asumir el rol de padres respecto de sus propios padres, los abuelos. Actualmente, llegar a abuelo es sólo una de las facetas posibles en la identidad: además, se puede ser muchas otras cosas. De allí el malestar que suele suscitar ser llamado “abuelo” por cualquiera, en cualquier circunstancia. Por lo demás, los vínculos familiares sanos permiten incorporar y valorar el aporte de los abuelos. No sólo como proveedores de cuidados sino también como transmisores de la historia familiar. Los abuelos les permiten a los nietos interiorizarse en las diferencias entre las generaciones a través de historias que se relatan con o sin palabras. Son transmisores de la genealogía familiar más allá de las cargas genéticas.
Al estar el vínculo con sus nietos mediado por los padres y al no tener que hacerse cargo de ellos diariamente, suele resultar poco conflictivo. A través de sus nietos, los abuelos logran continuidad y trascendencia, mientras que a los nietos este vínculo les permite anticipar la vejez de sus padres, e incluso, la propia, además de incorporar la vivencia de cómo sus padres soportan el envejecer de sus propios padres.
Lo que hace que la abuelidad pueda lograrse como función es que quien ocupe ese lugar haya podido realizar la operación simbólica de situarse como padre o madre de un padre o madre. Es decir, que haya podido hacer lugar a que se reproduzca en su hijo o hija la función paterna o materna, ubicándose así como un eslabón más en la cadena generacional.
La abuelidad en la familia marca al nieto los límites de sus padres: señala, en los padres, la condición de hijos. Cierto que, para esto, es necesario que los padres sean reconocidos como tales por el abuelo. Todo esto contribuye a que el nieto entienda que su padre no es omnímodo, que no es el amo que instituye la ley, sino un transmisor más; lo “mata” así simbólicamente, ayudado por la función del abuelo, lo cual constituye una normalización de su psiquismo. Cuando esto no se logra, abuelo y nieto pueden hacerse cómplices contra los padres, ubicados imaginariamente en el lugar de poder, lo cual da lugar a múltiples malestares familiares.
En efecto, la importancia de sostener simultáneamente esa doble condición –ser un eslabón que, como hijo, se une a los eslabones que lo preceden, y como padre a los que lo siguen– se confirma por la negativa: cuando el abuelo, deteriorado, pasa a ser ubicado como hijo de su propio hijo, o cuando el adulto es reconocido sólo como hijo por un padre omnímodo que no le reconoce su condición simultánea de padre. En ambos casos, no poder reconocer en el otro (o en sí mismo) esta condición de ser hijo y padre al mismo tiempo, opera en contra del sentido de continuidad transgeneracional.
Esto reafirma la idea de que el envejecimiento normal no sólo debería definirse por los logros que una persona obtenga en el proceso individual de envejecer, sino que también debe incluirse la calidad de los vínculos que haya ido gestando con los suyos. Vale la pena examinar una mayor probabilidad de envejecimiento patológico en abuelos que no son cuidadores o solidarios con su familia.
Pero, ¿qué es el envejecimiento patológico? Hay que diferenciar este concepto de lo que fuese una vejez con patologías. Alguien puede acarrear, desde etapas anteriores de su vida, patologías como hipertensión, problemas cardíacos, obesidad y otras que, aun cuando en su gestación pueda haber un compromiso emocional, no se originaron en las circunstancias específicas del envejecimiento. Aunque el paso del tiempo agregue algunas complicaciones, podrán mantener una buena calidad de vida, en función de autocuidado y la adaptación al envejecimiento que estén en condiciones de alcanzar: podrán continuar su vida, en continuidad con quienes siempre fueron y aspiran a seguir siendo, sin haber sido derrumbados por los temas del envejecer. El envejecimiento normal no equivale a no tener enfermedades.
Por el contrario, hablamos de un envejecer patológico, cuando, por no haber aceptación y adaptación a los cambios que el tiempo conlleva, da lugar al desencadenamiento de patologías orgánicas, psíquicas y en el entorno. El envejecimiento patológico es el quiebre en la continuidad de la identidad a partir de los temas del envejecer.
Estos quiebres, que a veces conducen a un franco derrumbe y pérdida de la autonomía, suelen generar las situaciones que ponen en jaque la salud familiar. Los abuelos con mayor deterioro psíquico son los que suelen ubicar a sus hijos en el lugar de padres, como si, en la búsqueda de una figura protectora, necesitaran la ilusión de retorno a su infancia. Esto requiere, por parte de los hijos, que no acaten ese lugar que se les adjudica, que no se lo crean, que puedan diferenciarse de la patología de su padre.
Si esto no es posible, debería intervenir un equipo interdisciplinario coordinado, que pudiera armar una red de sostén entre la familia, los amigos, los vecinos y los servicios sociales o sanitarios más acordes al caso, para llevar adelante un plan de cuidados progresivos y continuos.
El fondo de la olla
“Creo que recién ahora empiezo a saber quién soy. Como si mis virtudes y mis defectos hubiesen estado hirviendo en una olla todos estos años y con el hervor se hubieran ido evaporando y convirtiéndose en humo, y lo que quedara en el fondo de la olla es mi esencia, y que se parece inquietantemente a aquello con lo que empecé al principio”: así contestó, a los 84 años, el actor estadounidense Kirk Douglas a la revista Esquire: al hacerlo mostró su conocimiento profundo de que el envejecer es un proceso revelador de verdades que estaban ocultas. Tras el hervor de nuestro vivir diario, la esencia propia decanta en el fondo de la olla. ¿Qué encontramos allí que nos permite, recién entonces, empezar a conocernos? Más allá de virtudes y defectos, dice él, encontramos una esencia que permanece inalterable, como un compromiso que se hubiera asumido desde el principio.
El coreógrafo francés Maurice Béjart, pasando los 70 años, decía: “Mi infancia es mi línea de flotación. Cuando quiero ser auténtico recupero mi acento marsellés. Por supuesto, perdí el acento al llegar a París, porque todo el mundo se burlaba de mí, pero esa pérdida es una máscara. En el teatro, soy realmente bueno cuando recupero mi voz original”. Reconectarse con la propia infancia, la “línea de flotación” de Béjart, es atravesar los humos y desengañarse de espejos y máscaras. Si Douglas o Béjart son capaces de formularlo así, quiere decir que ellos pudieron sostener el juego oscilante entre el engaño y el desengaño con respecto a lo que Simone de Beauvoir llamaba “el personaje que se ha elegido representar”.
Cabe preguntar qué favorece que los años tardíos sean ocasión propicia para desengañarse y para que aflore el deseo de ser auténtico. Con el paso de los años se aquilata la claridad acerca de lo trascendente, en tanto que se acepta la finitud, y esto hace posible valorar la vida más en profundidad, reconciliarse con las propias faltas, vincular el mundo interno con el externo y ubicarse como transmisor de experiencias iluminadoras.
El envejecimiento puede ser un camino hacia la sabiduría pero también hacia la anulación del sujeto, cuando la verdad que se revela nos avisa –ya tarde– que no fuimos auténticos. Para no llegar a ser nosotros una carga –para no ubicarnos como hijos de nuestros hijos– debemos ser lúcidos a tiempo. Según cómo vayamos anticipando el transcurrir de nuestro envejecimiento, de ese modo llegaremos a viejos. Para que esas verdades no produzcan un efecto siniestro que fragmente la identidad, es necesario anticiparlas en el curso de nuestra vida. Para llegar a ser un viejo sabio, hay que haber sido sabio antes.NOS PERMITIMOS SER...HUMANOS?
Liliana Angela Matozzo
Poco a poco nos ha inundado una moda eugenésica de ´no querer llamar a las cosas por su Mi pregunta es: ¿hacer creer a otro que es algo distinto de lo que es, no constituye fomentarle una vida psicopatológica, edificada en una mentira?
En un programa de noticias, escuché a dos locutoras hacer esfuerzos increíbles por no querer llamar “abuelos” a los abuelos, como así también, evitar la palabra “ancianos”, o “tercera edad”, o “adultos mayores”, para finalmente demostrar a la audiencia, que ambas ya “no sabían como referirse a nuestros otrora respetados mayores”. Aludían a que un abuelo se ofendió porque lo llamaron “abuelo” y tonterías por el estilo.
¿Cuál es el objeto de ocultar la verdad?: Una persona de más de 60 años, ante todo es una persona, y no es un joven mayor, ni un joven de la tercera edad, ni un adolescente superado a quien se le deban exigir practicar deportes extremos para ser aceptado socialmente, es una persona con identidad e historia propia, con su lugar en el mundo. Si tiene nietos, ¿a qué ofenderse si lo llaman “abuelo”? O acaso, ¿cuando vamos a las reuniones de los colegios o al pediatra, no nos llaman “mamás y papás”? ¿Qué pensarían los nietos si sus abuelos o padres se ofendieran porque se los llame por su más digno cargo: el que otorga el status familiar y el amor ? Tanto de un lado como del otro, del que lo detenta como del que se dirige a él, hay una parte de la ecuación que se pretende no cierre.
“Nuestros queridos viejos”, “nuestros queridos abuelos”, “nuestros queridos jubilados y pensionados”, ¿qué hay de malo en ello? Si cuando los chicos me dicen “viejaaa....” para pedirme algo, yo no me ofendo y percibo hasta cierto amor en ello.
¿Rechazamos lo que somos?: ¿Queremos negar que envejecemos? ¿En qué parte de nuestra historia nos hemos tragado el cuento de la juventud eterna? ¿Desde cuándo incorporamos a nuestra conciencia social la necesidad de desechar a las personas mayores de cierta edad? ¿Quién dictaminó que sólo pueden tomar parte de la vida social las personas menores de cierta edad?
Habrá que ponerse la mano en el corazón e indagar cuál es nuestra actitud cuando nos miramos al espejo...
¿Nos aceptamos? O bien ¿somos los primeros en rechazarnos? Y si nos rechazamos ¿cómo esperamos que los demás nos acepten?
Si me ofendo cuando me dicen abuela, ¿cómo pretendo que los abuelos tengan beneficios, medicamentos, transporte adecuado, atención humanizada, puestos de trabajo o buenas jubilaciones?
¿Valemos menos por ser viejos?: También hay que reconocer que muchos varones en cierto momento de su vida, empiezan con el cuento de la “crisis de los cuarenta”, y “excluyen a su compañera contemporánea de su lado, porque su sola presencia les recuerda que ya no es un adolescente, que se está arrugando, que le sale panza, que está más cerca de la angioplastia que del triatlón, que se espera de él más calidad que cantidad, etc.”, tiran el matrimonio y la familia por la borda, y se emparejan con una joven mujer a la que a veces la superan en dos generaciones y que se dirigen a ellos como “papito”, en donde el compartir es casi imposible porque todo el diálogo se resume en un “quiero, quiero, dame, dame, comprame, comprame, ...”
Esta conducta, de alto contenido eugenésico, les hace creer que el espejo ya no reflejará el paso del tiempo para ellos, sino que el destello del cuerpo joven que trasladan a su lado (muchas veces excesivamente costoso de mantener), ocultará públicamente su decrepitud física, a la que en más deberá añadirse su decrepitud moral. Asimismo, destaco los inhumanos esfuerzos de algunos varones y mujeres para ir al gimnasio, tener “personal trainer”, “matarse de hambre”, participar de actividades altamente exigentes a nivel mental, espiritual y físico, de modo de “querer ocultar el paso del tiempo y sentirse a tono con los jóvenes”. Madres que compiten con sus hijas, en cirugías, compañeros más jóvenes, ropa de moda, etc..., repitiendo hasta el cansancio “¿no parecemos hermanas?
En definitiva, si pensamos que valemos menos por una cuestión de edad, y que la madurez y la vejez deben ocultarse de cualquier manera, por mal camino vamos...
Vejez y madurez: ¿Van de la mano? ¿Se cruzan alguna vez en el camino? O ¿Muchas personas mayores aún están verdes... o actúan como “viejos verdes”? Volviendo al punto de inicio de esta reflexión, los medios, el cine y el teatro también aportan lo suyo para “darle de comer a las fieras” y que finalmente “pidan a gritos la legitimación de la eutanasia” (forma “compasiva” de sacarse de encima lo que molesta, no sirve, es feo, o improductivo).
Se han filmado muchas películas con el fin de que la gente al ver la depresión, enfermedad, malestar, abandono, soledad, tara, insania, discapacidad, e inutilidad productiva de la vejez, enfermedad y discapacidad, consideren que la eutanasia es una salida digna de ciudadanos estoicos. No hay, en cambio, mensajes en los medios para movilizar la fibra solidaria y afectiva de la gente, promoviendo una conciencia de que la vida es una cadena biológica y espiritual, en permanente evolución, donde se nace, se crece y finalmente se muere, para todos por igual, pero, con vidas únicas e irrepetibles, todas dignas y necesarias, todas con un lugar, y donde deben coexistir niños, adultos y viejos, enfermos y sanos.
Cada situación es un desafío para las virtudes y defectos humanos: La vida misma es una constante oportunidad en cada una de las edades en que se manifiesta, es un don irrenunciable e indisponible. Trayendo aportes del arcón de la Filosofía, “las ideas que acerca de la vejez pone Platón en la boca de Céfalo, pueden resumirse en estos tres puntos:
1) la situación económica del anciano es necesaria, pero no suficiente, para determinar la respectiva actitud ante la vejez;
2) en resolución, esa actitud es esencialmente íntima, personal;
3) el tratamiento platónico de la vejez no incluye la dimensión social, y más en concreto la intergeneracional de la vida de los ancianos. (...)
La carencia de la dimensión social, y especialmente intergeneracional, en el tratamiento que de la vejez hace Platón no se da fuera de él en la Antigüedad clásica, ni en la Edad Media tampoco, ante todo en el ámbito de la praxis política. Así lo prueban instituciones tales como el Consejo de Ancianos, o la Gerusía de Esparta y el Senado Romano, con atribuciones de muy grave responsabilidad y largo alcance (v. gr. las finanzas y la política exterior).
Todo ello nos interesa aquí por el carácter intergeneracional del servicio que unas personas relevantes y de edad avanzada prestan institucionalmente a las demás, que en su mayor parte pertenecen a otras generaciones. Más también en el ámbito de la teoría política, no solo en el de la praxis, puede advertirse, descartado el pensamiento de Platón, el carácter intergeneracional, y el signo indudablemente positivo, de la concepción aristotélica de la prudencia. Esta virtud, según la entiende el Filósofo, incluye entre sus partes integrantes la experiencia vital lograda con el transcurso de los años, la cual no sólo aprovecha a quien la tiene, sino también a quien de él la recibe y que más necesitado está de ella por ser más corta su edad.
Atribuir un signo negativo a la vejez: Las razones que algunos psicólogos contemporáneos aducen para atribuir un signo negativo a la vejez se refieren a la vejez en general y, en cuanto tal, no a la determinada forma de vivirla que unos ancianos padecen y de la cual otros, en cambio, están libres. Esos psicólogos atribuyen a todos los ancianos, no más que por el puro y simple hecho de su misma vejez, una situación psíquica fundamentalmente dominada por el egoísmo y por el sentimiento de una irreprimible soledad. Lo arbitrario de este modo de concebir el carácter general de los ancianos es enteramente equiparable al abuso en que incurren quienes piensan que el egoísmo y la irreprimible soledad constituyen los rasgos fundamentales de la psicología juvenil.
Ahora bien, si la razón del signo negativo del envejecimiento demográfico no es la propia vejez en sí, ni tampoco está en el solo aumento de la cantidad de los ancianos, será preciso preguntarse si la razón se encuentra en que los ancianos aportan tan poco al bienestar social que, en definitiva, son tan solo beneficiarios de lo que los otros miembros de la sociedad hacen por ellos."
Una sociedad más humanizada: Invito a promover un modelo de sociedad más humanizado, respetando el espacio propio de cada persona, desde su edad, situación y condición, sin eufemismos, llamando a las cosas por su nombre. Este modelo de la “sociedad de la excelencia”, que habla constantemente de “calidad de vida” en lugar de “derecho a la vida”, sólo admite personas físicamente “perfectas y lindas” y “mentalmente narcotizadas en el seudo-placer del consumismo egoísta para “producir, trabajar, consumir, consentir, acatar, aparentar” como un engranaje más, impidiéndonos “ser humanos”.SIMONE Y ELLA MISMA: UNA PAREJA SINGULAR
Simone de Beauvoir escribe como una araña teje su tela. Ella misma decía que no podía vivir sin escribir y, de hecho, lo hacía desde que era una niña, creando una vida que fue un relato, desdoblándose en la otra Simone, la Simone personaje. Ensayos, novelas, cuentos, diario, artículos, panfletos… todo forma parte del mismo impulso de acción, del mismo espíritu constructivo que le valió el apodo de ‘Castor’. “Construiré una fuerza en la que me refugiaré para siempre”.
Su trabajo de memoria fue intensísimo: desde las Memorias de una joven formal a La ceremonia del adiós, pasando por América día a día y todas sus cartas íntimas, todo fue pensado para su publicación, porque no le parecía “inútil” explicar cómo se revelaba el mundo ante su conciencia. Hay en sus diarios una evidente voluntad de comunicarse, de abrirse a los otros y también de apresar algo del tiempo que se va.
Escribir un diario es “escribir en el tiempo”, dice Blanchot, tratar de contar un pasar, un devenir, sabiendo que eso mismo es imposible. Beauvoir intenta laboriosamente fijar ese tiempo, esa vida, para fijar el escenario del recuerdo y reconocerse en él. “La literatura me aseguraba la inmortalidad que compensaría la eternidad perdida. Ya no había un Dios que me amara, pero yo ardería en millones de corazones”.
Tanto su vida como su obra están en permanente estado de construcción y ambas facetas son una sola: la de la creación de su identidad. Sus relaciones afectivas y eróticas, su compromiso político, su extensísima creación literaria y filosófica son el resultado de una férrea y narcisista voluntad de ser, de ser ella misma malgré tout, sin miedo a la contradicción y con una ambición máxima: la autenticidad.
Por eso toda su escritura tiene esa misma intención, la de reflejar su proceso de descubrimiento de la vida y del enigma de la condición humana. La invitada, Los mandarines, ¿son novelas o diarios? Cuando predomina lo espiritual y La mujer rota, por ejemplo, hablan de la estupefacción, del desvelamiento, del choque espiritual que se produce en las vidas de unas mujeres víctimas de sí mismas.
En las entrevistas que le hicieron con motivo de la publicación de La vejez, vemos a una señora septuagenaria, de rostro casi japonés, que defiende sus posiciones con respuestas extremadamente afiladas, rápidas e incluso arrogantes, sabiéndose fundadora de una mirada sobre la mujer y sobre la vejez, y que reconoce haber investigado ese campo de la misma manera que, 20 años antes, había tratado el problema de ser mujer en El segundo sexo: desde la conciencia de sí. Eso es lo que Beauvoir quiere comunicar escribiendo: su idea de mundo, su sorpresa ante la ambigüedad de las cosas, ante los demás seres humanos, y su voluntad de seguir creando su espacio de libertad a través de una producción que revierta en la sociedad. En resumen, definir su posición moral desde una idea de novela metafísica que “diga la verdad sin decirla”, que busque la trascendencia conciliando lo absoluto y lo relativo, lo intemporal y lo histórico.
Simone de Beauvoir es vitalista y testaruda, se agarra a las cosas y a sí misma para justificar su existencia, para llenar de sentido la contingencia mediante la arriesgada construcción de un sí-mismo. “Acepto la aventura de ser yo misma”.VIVIR MUCHOS AÑOS PERO NO LLEGAR A VIEJO
Graciela Zarebski
Por qué se suele rechazar la idea de envejecer? Para explicar esta contradicción –querer vivir muchos años pero no desear ser viejo– el mito de la Fuente de Juvencia es suficiente: vivir muchos años, sí, ¡pero siempre joven! El mito alude a uno de los traumas inherentes a la constitución de la subjetividad, uno que Joyce McDougall incluía entre los traumas universales: la inevitabilidad del envejecimiento y de la muerte. Estamos haciendo referencia al trabajo psíquico que todo ser humano debe realizar, con mayor o menor grado de conciencia, a lo largo de su vida: el trabajo del envejecer.
Henri Pequignot, gerontólogo francés, sostiene que la vejez se crea todos los días inconscientemente. Ella podría ser creada conscientemente, con los ojos abiertos sobre el porvenir: abrir los ojos al porvenir, a fin de que el curso de nuestra vida responda a un diseño a ser armado y creado cotidianamente.
Colaborar con la toma de conciencia, en este trabajo de elaboración anticipada, es una de las tareas que encaramos en el campo de la psicogerontología. Es la parte preventiva del quehacer de psicólogos, terapistas ocupacionales, psicogeriatras, músicoterapeutas y hasta psicopedagogos (denominados, en esta tarea, geragogos), disciplinas que se ocupan de diversos aspectos que hacen a la salud mental en el envejecimiento.
La tarea preventiva se asienta en el conocimiento de los factores de riesgo de un envejecer patológico a nivel emocional y mental, así como de los factores protectores o resilientes que permiten alcanzar un envejecer normal.EL DESAFÍO DEL ENVEJECIMIENTO
Diego Rubinzal
La irrupción de las Afjp, en julio de 1994, modificó profundamente el sistema previsional argentino y el estado de las cuentas públicas. En el 2003, un informe realizado por la Anses señalaba que “la reforma previsional de 1994 fue encarada sobre la base de proyecciones muy optimistas respecto al mercado laboral y a la evasión que no se verificaron en la realidad”.
El informe agregaba: “El problema se vio agravado por el alto costo de transición –mayor al esperado– y por la reducción de las contribuciones patronales”. Según estimaciones oficiales, la Anses dejó de recaudar –entre 1995 y 2001– 75.000 millones de pesos. Esta cifra superó en más de 30.000 millones el déficit que había calculado el ex ministro Domingo Cavallo. Mientras en 1994 los aportes y contribuciones sociales alcanzaban para financiar el 78,7 por ciento de las prestaciones, en el 2005 ese porcentaje había caído al 49,5 por ciento.
En el 2006, la Anses registró un superávit en sus cuentas debido al aumento de los recursos tributarios destinados a financiar el sistema. Además, el incremento de los salarios y la suba de los empleados registrados motivaron el mayor ingreso de fondos por aportes y contribuciones.
La reforma jubilatoria aprobada este año, al permitir la libre opción, acentúa la tendencia positiva de las cuentas públicas. Los 700 mil aportantes que migraron hacia la jubilación estatal –hasta el momento– engrosarán los fondos de la Anses. Además, los aportes de aquellos trabajadores que tienen regímenes especiales de jubilación han sido derivados automáticamente al sistema de reparto. Por ejemplo, en el mes de mayo el fisco recibió 1542 millones de las cuentas previsionales de 170 mil docentes, investigadores, diplomáticos y jueces.
A pesar del buen momento de las finanzas públicas, las voces críticas a la reforma señalan que el sistema estatal de jubilaciones resultará insostenible en el futuro. Así, un editorial del diario La Nación del 28 de enero de este año advertía: “No debe olvidarse que la decisión de migrar de un sistema a otro, traducida en una ley sancionada hace poco más de 13 años, respondió a la evidencia de la inviabilidad del régimen tradicional”.
También se conocieron distintos papers de los economistas de la city donde se insiste en detallar la superioridad del sistema de capitalización sobre el de reparto. Sin embargo, el sistema de capitalización estuvo muy lejos de cumplir con los objetivos que se plantearon en sus inicios. Por ejemplo, la cobertura previsional siguió siendo muy baja (solamente aportó regularmente a las Afjp el 45 por ciento de los afiliados) y la capitalización fue deficiente por el elevado nivel de comisiones. Más allá del sistema previsional que se termine consolidando en el futuro (público, privado o mixto), existen algunos interrogantes (a nivel mundial) sobre su sustentabilidad.
Eso se debe al progresivo envejecimiento –que se da en la mayoría de los países– por el aumento de la longevidad. El resultado de este proceso es una creciente presión sobre los sistemas de seguridad social. El Estudio Económico y Social Mundial 2007 de las Naciones Unidas señala: “Se prevé que, entre 2005 y 2050 el aumento de la población mayor de 60 años de edad represente cerca de la mitad del crecimiento total de la población mundial”.
Actualmente la proporción de “envejecientes” en los países desarrollados (21 por ciento) es superior a la de los países en desarrollo (8 por ciento). Sin embargo, “en los próximos decenios se registrará un envejecimiento más rápido de la población en los países en desarrollo que el que se registró en los países desarrollados y en los países con economía en transición. Como consecuencia de ello, la población envejeciente en el mundo se irá concentrando cada vez más en los países en desarrollo. Para 2050 se prevé que el 79 por ciento de las personas mayores de 60 vivirá en países en desarrollo”, agrega el informe.
La disminución de la población en edad laboral y el aumento del sector pasivo pueden afectar la viabilidad financiera del sistema de pensiones. Sin embargo, el informe de la ONU destaca que la sostenibilidad financiera es un principio rector importante en el diseño de un sistema de pensiones, pero no es el único: el fundamento debe ser un sistema universal de pensiones que proporcione un mínimo de seguridad a los ingresos y ponga a las personas de edad a salvo de la pobreza.LA REBELIÓN DE LOS VIEJOS
Por Nora Merlin
La vejez es un hecho de lenguaje. En la perspectiva psicoanalítica, “vejez” no refiere a un corte cronológico o madurativo propio de toda sustancia viva, sino al cuerpo como fenómeno de lenguaje y como hecho cultural. El envejecimiento es uno de los cortes de la palabra que marca el cuerpo. Es un escrito en el cuerpo en el que se manifiesta su decadencia y aniquilación. En este sentido, Freud la designa como lugar privilegiado para la amenaza de sufrimiento.
No se nace con un cuerpo, sino que éste es una construcción que se realiza a través de la identificación con la imagen del Otro. Esa operación va acompañada de un afecto alegre, jubiloso, en oposición a la tristeza que produce la imagen que devuelve el espejo del envejecimiento: mirada siniestra en tanto que presentifica una imagen horrorosa, familiar y desconocida a la vez.
En este sentido, la vejez se manifiesta como herida narcisista y aparece como caída imaginaria que angustia y que produce pérdida de la autoestima, depresión del sentimiento de sí y empobrecimiento del yo.
Sabido es que el mercado de la moda del discurso capitalista va en contra de la castración, con la voracidad de un superyó bulímico que cada vez exige más consumo de objeto de belleza, de juventud y eternidad. Los preceptos culturales se enlazan con las exigencias de cada sujeto y generan, en el caso de la vejez, abismal distancia entre el yo actual y el ideal; se produce de este modo sentimiento de culpa inconsciente manifestada como necesidad de castigo.
El proceso de envejecer supone el atravesamiento de importantes pérdidas, y frente a las pérdidas hay una respuesta posible: realizar los duelos correspondientes. Este trabajo va acompañado de dolor y profunda desazón. Freud enseñó que frente a las pérdidas hay dos reacciones psíquicas posibles: la amargura, el hastío del mundo, el pesimismo o bien la rebeldía contra la fatalidad. Cada uno de ellas refleja distintas posiciones subjetivas ante lo perdido.
En la primera, se tratará de un fallido trabajo de duelo: duelo patológico, falta de verdadera aceptación de lo perdido. Representa un estado de resignación frente al destino, inhibiéndose la capacidad para desear.
La segunda refiere a la rebeldía y supone una acción que implica el ejercicio de una potencia. El agente es un sujeto que se rebela: el rebelde se subleva frente a un orden establecido, no se deja domesticar, desobedece, se opone, no se rinde. Esta posición supone un duelo consumado, una verdadera renuncia a todo lo perdido y a algunos bienes. Entonces, sí, la libido que estaba fijada a algunos objetos quedará en libertad para sustituirlos por otros.ME PREGUNTO QUÉ PASARÍA SI FUÉRAMOS ETERNOS
A los 83 años, José Saramago estrena casa y novela. La casa está en un barrio tranquilo del centro de Lisboa y se llama “Blimunda”, como su recordado personaje femenino de Memorial del convento. La novela se titula Las intermitencias de la muerte y ha sido editada simultáneamente (con una primera tirada de 100 mil ejemplares) en portugués, español, italiano y catalán. El Premio Nobel de 1998 presentó el libro en doble sesión lisboeta; por la mañana en el Instituto Cervantes, con una videoconferencia, y por la tarde en el Teatro Nacional San Carlos, durante un acto multitudinario en el que Saramago recibió el afecto de sus lectores, sonó la música de Bach, varias mujeres (entre ellas, su esposa, Pilar del Río, traductora de la novela al español) leyeron fragmentos del libro y Saramago habló de literatura, de vida, de muerte y de política.
El autor de El año de la muerte de Ricardo Reis mantiene una relación difícil con Portugal, país que abandonó simbólicamente en 1993 después de que un subsecretario de Cultura del gobierno de Cavaco Silva impidiera que su novela El Evangelio según Jesucristo representara a su país en un premio literario europeo. Y ahora que Cavaco vuelve al primer plano de la actualidad con la precampaña presidencial, Saramago ha redoblado sus ataques contra “el censor”, con la misma energía con la que escribió y defiende esta nueva novela, “quizá la mejor desde el Nobel”, según afirma. Las intermitencias de la muerte parte de una idea-catapulta, como todas las novelas de Saramago: en un país imaginario, de repente la muerte deja de matar. A partir de ahí, el relato indaga con ironía, humor, humanismo y pesimismo en esa situación de inmortalidad transitoria que perturba a los poderosos, ilusiona a los ingenuos y acaba revelándose como un caos muy difícil de administrar.
–El libro empieza con la frase “Al día siguiente nadie murió”, y parece de a ratos una sátira, aunque pocos le asociarían a usted con ese género.
–No es exactamente una sátira, aunque haya en parte sátira, o mejor quizá crítica, de las costumbres y las instituciones y las reacciones de la gente ante la muerte y la falta de muerte... La pregunta es: ¿qué pasaría si fuéramos eternos?
–Y la primera respuesta de la novela es que sin la muerte mucha gente se arruinaría.
–La muerte es un gran negocio y no siempre muy limpio. Aunque ése no sea el tema principal de la novela, si la muerte desapareciera de repente, si la muerte dejara de matar, mucha gente entraría en pánico: funerarias, aseguradoras, residencias de ancianos... Y eso sin hablar del Estado, que no sabría ya cómo pagar las pensiones.
–Parece un chiste, aunque la cosa es seria porque la vejez cada vez dura más.
–Es serio, sí: sólo pueden pagar las pensiones hasta el 2015, a partir de ahí no sabemos. Esa era en parte la idea de la novela: con el aire de estar divirtiéndonos, hablar de algunos temas serios.
–Más que con ironía, con sarcasmo, lo cual también parece nuevo...
–La ironía no es nueva en mis libros, yo creo que de una manera o de otra, agresiva, activa, directa o menos, está en todo lo que escribo. Lo que es nuevo es el humor; hay una mirada del narrador mucho más humorística, más que en ninguna otra novela, o eso dicen al menos algunas personas que parece que se han carcajeado con el libro.
–El humor suele venir bien para hablar de cosas tan trascendentes como la muerte.
–La verdad es que no lo hice de una forma deliberada; simplemente salió así; y he de confesar que me he divertido mucho escribiendo sobre un tema tan serio como la muerte. Aunque ya se sabe que con la muerte no se puede uno reír mucho porque es ella la que acaba riéndose de nosotros. Es mejor pensar que la muerte no es una entidad, ni una dama que esté ahí fuera esperándonos, sino que está dentro de nosotros, que cada uno la lleva dentro y cuando se ponen de acuerdo el cuerpo y ella, se acabó...
–La novela trata también sobre la imposibilidad de la inmortalidad.
–Es que la inmortalidad sería un horror; aunque uno viviera 20 años de niñez, 50 de adolescencia y 80 o 90 de madurez, la vejez acabaría llegando, y a partir de ahí empezaría el drama. ¿Alguien se puede imaginar una vejez eterna? Mejor no imaginar esa vejez extrema, mejor pensar que morir no es ningún acto heroico sino una cosa de lo más corriente.
–¿Es ahí cuando aparece el Saramago pesimista?
–En este caso, nada pesimista, sólo rendirse a la evidencia.
–Y ese violonchelista que se enamora de la muerte encarnada en mujer sin saber quién es, ¿siente algo de lo que siente usted?
–Si miro atrás, en todas mis novelas el protagonista es un hombre solo; éste también, y además es muy tímido, no tiene familia... Yo nunca he vivido solo, y nunca me ha gustado meter mis experiencias personales en las novelas...
–¿Cómo surgió la idea de ésta?
–Estaba en Madrid, releyendo a Rilke, y no sé si por sugerencia directa del libro Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, o no, cuando lo acababa de dejar a un lado, la idea se presentó. Siempre sucede así, por eso digo que quizás ésta sea mi última novela, porque yo no escribo cualquier cosa, necesito que primero venga esa idea. Pensé: ¿y si la muerte no fuera capaz de matar a una persona determinada? Ese fue el embrión, la selva. No pensé al principio en que la muerte hiciera huelga en un país entero, que es al final lo que ocupa la primera parte. Eso vino después, al inventar una situación general...
–Para recordar, entre otras cosas, que la idea de la muerte contribuye a que perdure el poder de la Iglesia...
–Peor que eso. El problema de la Iglesia es que necesita la muerte para vivir. Sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Las religiones cristianas se alimentan de la muerte. La piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir. Por eso los obispos en la novela convocan a una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá. Si la vida eterna estuviera acá...NINGÚN DOCTOR ESCUCHÓ LLORAR AL VIEJO
Susana Wortman
Michel Foucault, al historiar la medicina, afirma que en otro momento lo que se le exigía era dar a la sociedad hombres fuertes, capaces de trabajar; el acento estaba puesto en asegurar la constancia de la fuerza laboral. En la actualidad la medicina, a través del consumo, se relaciona con la economía: la salud es un producto que puede ser fabricado por laboratorios y médicos, y consumido por los enfermos posibles y reales. El mismo autor observa que la educación actúa sobre el nivel de vida en una proporción dos veces y media mayor que el consumo médico: para favorecer una vida más larga, es preferible un mayor nivel de educación antes que un mayor consumo médico. Se ha demostrado que el nivel de consumo médico y el nivel de salud no guardan una relación directa.
Pero la sociedad actual incita al consumo de sustitutos y el mercado farmacéutico ofrece recuperar el bienestar perdido, el sueño, la memoria, la energía, detener el “envejecimiento”. A veces estas sustancias son elogiadas por profesionales universitarios en programas televisivos; de esa manera se legitima un fetiche y se instala la “farmacofilia”.
La biomedicalización del envejecimiento implica la interpretación social del envejecimiento como un problema médico, y desde esta interpretación propicia prácticas y políticas. Este modelo, hegemónico en la medicina, está sostenido por un sistema de creencias que abarca a la familia y amigos del sujeto envejeciente. Hay una convicción muy fuerte en cuanto a que el consumo de servicios y tecnología médica cada vez más costosos puede solucionar los problemas de esta etapa de la vida. Claro que este modelo no contempla los problemas ambientales, sociales y económicos implicados en la etiología de las enfermedades.
También se observa una acentuada incapacidad de la población para soportar el sufrimiento, lo cual ejerce presión sobre el médico para resolver el problema con medicamentos. Es frecuente que los viejos no tengan conciencia de los factores emocionales que intervienen en sus síntomas físicos, lo cual hace alianza con el profesional, que en muchos casos no dispone de tiempo para escuchar lo que les pasa y termina rápidamente la consulta extendiendo de la receta.
La medicalización conduce a que los individuos pierdan la capacidad de asumir su condición y de hacer frente por sí mismos a ciertos acontecimientos, como en el caso de los duelos normales, donde, cuando se opta por medicarlos, se confunde tristeza con depresión.
Haydée Andrés (“Uso racional de psicofármacos en psicogeriatría”, Revista Argentina de Geriatría y Gerontología, Nº 15, 1995)advierte que, con frecuencia, expresiones normales de salud son significadas por los profesionales como síntomas de enfermedad. Muchas veces, cuando un viejo llora, se lo rotula con “incontinencia”, “labilidad emocional” y aun como “demente”. Es alarmante la rigidez con que llega a aplicarse el modelo médico, sin dar lugar a una escucha que no debiera ser exclusiva de los psicoterapeutas. Siguiendo la concepción según la cual la enfermedad es “algo”, un mal del cual el paciente es víctima y del que ha de ser liberado, el médico y el paciente establecen una relación que se organiza alrededor de ese algo que uno padece y sobre el que otro actúa pero que, esencialmente, sería ajeno a ambos.
Es importante que el médico pueda aceptar la oferta de síntomas que le hace el paciente sin excluir prejuiciosamente ningún canal de expresión -somático, mental, familiar o social– e incluyéndose a sí mismo en el campo dinámico que se configura. Muchas veces el viejo llega al médico en busca de apoyo, viéndolo como la única posibilidad de contención, cuando no pudo superar su aislamiento o la familia y las redes comunitarias respondieron con la indiferencia o la marginación. Entablará así con “su” médico una relación de dependencia, se ubicará como objeto de sobreprotección. Si el médico acepta esta condición –o la impone– secreará una relación asimétrica, con las decisiones exclusivamente del lado del profesional, catalizando así el proceso de medicalización.
Cummings y Henry (citados por L. Salvarezza en Psicogeriatría. Teoría y Clínica, Paidós, 1996) desarrollaron la “teoría del desapego”, según la cual los individuos que envejecen se van apartando progresivamente de toda clase de interacción social y consideran que este fenómeno es normal, universal, inevitable e intrínseco. Esta teoría sigue sustentando consciente e inconscientemente, la conducta hacia los viejos por parte de muchos profesionales, familiares y amigos, que consideran el progresivo apartamiento de sus actividades como un normal paso de preparación para la muerte. De esta teoría surge la idea que los viejos son asexuados, y en caso que manifiesten deseo sexual se lo toma como anormal.
Este prejuicio está muy arraigado en los profesionales como en la sociedad en general, y es vinculable con el “viejismo”, concepto introducido en nuestro medio por Leopoldo Salvarezza: el sujeto que envejece se enfrenta con una discriminación, una desvalorización social producto de un modelo cultural que define la vejez como una etapa de decadencia física y mental. Este prejuicio hace que la vejez sea considerada como algo ajeno a nosotros, impidiendo prepararnos para enfrentar el propio envejecimiento.
Aquellos médicos que estén advertidos de estas cuestiones podrán tomar en cuenta aspectos como la sexualidad del viejo, sus gustos alimentarios, sus hábitos, su actividad física, sus intereses; antes de recetar un psicofármaco para combatir el insomnio, averiguarán como es el día del viejo, en qué utiliza su tiempo, si hace algo que le da placer, si tiene amigos, cómo es su entorno familiar.
La elaboración intrapsíquica de las transformaciones de la vejez depende de la capacidad para modificar sus aspiraciones; se pone en funcionamiento un trabajo de duelo. Pero otra respuesta posible es la retracción narcisista: el sujeto se aísla, rechazando toda posibilidad de investidura, lo cual facilita la aparición de síntomas somáticos. Según Fishbein (“Los procesos somáticos en la vejez”, en El envejecimiento. Psiquis, poder y tiempo, Eudeba, 2001), “la regresión narcisista a la que lleva la injuria del decaimiento energético toma al cuerpo como objeto, redoblando la preocupación por el mismo”. El cuerpo es objeto de atención y de miradas, pero estas miradas tienen que ver con la enfermedad, no con el erotismo: “Se constituye en un cuerpo de necesidades impostergables antes que en la sede del deseo”.
Cuando, en cambio, este repliegue sobre sí mismo tome características de reminiscencia, se favorecerá un adecuado proceso de envejecimiento. Según Graciela Zarebski (Hacia un buen envejecer, Emecé, 1999), se trata de “un trabajo de enlazar pasado, presente y futuro, de reescribir la propia historia, resignificándola a partir de un presente que, a fuer de menos trabajos, productivos y reproductivos, y de menor energía física para realizarlos, resulta favorecido en tanto es trabajo psíquico y cuyo producto es la renovación incesante del campo representacional”. Aceptar la vejez requiere conservar la alianza con la generación pasada, a la vez que ceder a favor de la nueva.
Para concluir, resulta evidente que la falta de sostén familiar, el aislamiento, la falta de un proyecto de vida y la carencia de redes sociales contribuyen a reforzar la medicalización de la vejez.ANUNCIAN EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVOS GENES DE LA LONGEVIDAD
En un informe sobre su investigación publicado en la revista Genome Research, científicos de la Universidad de Washington y otros organismos académicos indicaron que al menos 15 de esos genes tienen versiones similares a las de los seres humanos.
Eso sugiere que existe la posibilidad de guiar a esos genes para que frenen el proceso de envejecimiento y los problemas de salud vinculados con la edad, dijeron.
Los dos organismos del estudio, el hongo unicelular de la levadura y el gusano C. elegans, se usan generalmente en los estudios geriátricos y el hecho de que se hayan descubierto los mismos genes en ambos es muy importante, señalaron los científicos en su estudio.
Según explican, esa importancia se basa en el hecho de que ambos están muy separados en la escala evolutiva, todavía más lejos que entre los gusanos y los seres humanos.
Eso, junto con la presencia de genes similares en el hombre, es una indicación de que estos podrían regular la longevidad humana, manifestaron.
'Ahora que sabemos cuáles son realmente estos genes, tenemos objetivos potenciales que buscar en los seres humanos', manifestó Brian Kennedy, profesor auxiliar de bioquímica de la Universidad de Washington y uno de los autores del estudio.
'Esperamos que en un futuro podamos influir en esos objetivos y prolongar no solo la longevidad, sino también aumentar el período de vida en que una persona puede mantenerse saludable y no sufrir las enfermedades propias de la vejez', agregó.
Los científicos indicaron en su estudio que también descubrieron que algunos de los genes del envejecimiento están vinculados a una reacción clave del organismo a los nutrientes.
Ese descubrimiento es una nueva evidencia que respalda la teoría de que el consumo de calorías y la reacción a los nutrientes inciden en la longevidad y que una restricción dietética puede aumentar la vida de una persona.
'En última instancia lo que quisiéramos lograr sería replicar los efectos de la restricción dietética a través de un medicamento', señaló Matt Kaeberlein, profesor de patología de la Universidad de Washington y participante en el estudio.
'La mayoría de la gente no quiere reducir su dieta de forma demasiado drástica para vivir un poco más. Pero, tal vez en el futuro, es posible que podamos lograr lo mismo con una píldora', añadió.PALABRAS DE PODER - EL FALSO HORROR DE ENVEJECER
Jacinto Faya Viesca
Qué irracional contradicción!: queremos vivir mucho tiempo, y a la vez, no queremos envejecer. Nuestra sociedad de consumo, en la que una de sus características que la distingue es “Úselo y tírelo”, desprecia la vejez y adora la juventud. Quizás sea porque la juventud representa la promesa de un largo consumo, mientras que la vejez promete comprar muy poco y para poco tiempo.
En las sociedades más sabias, como la azteca, maya, inca, hindú, china, los ancianos han sido siempre respetados y amados, y se les considera una riquísima fuente de sabiduría. Los países de Occidente le tienen un verdadero “horror” a la vejez, y si no, veamos tanta clase de tratamientos no para alargar la vida, sino para no parecer avejentados siendo aún jóvenes o adultos.
Por todo esto, los que vivimos en países occidentales debemos “adaptarnos” a nuestro progresivo envejecimiento. Toda persona que pase de los cincuenta años, y más aún, los que ya pasaron de los sesenta, deberían realmente de adaptarse física, emocional y socialmente, al irremediable proceso del envejecimiento. Esta verdadera y real adaptación será, indudablemente, una de las bases más sólidas de nuestra presente y futura felicidad.
Para el niño y el joven, todo es futuro; en cambio, quien ya está en la década de los cincuenta, el futuro se acorta. Este acortamiento del futuro nos debe llevar a la toma de conciencia de que nuestros proyectos deben estar dirigidos a los cortos y a los medianos plazos, sin que esto signifique que debamos hacer a un lado los valores y grandes significados de nuestro plan total de vida.
Los niños y los jóvenes, si desean desarrollar espléndidamente su personalidad, tendrán necesariamente que privarse muchas veces de placeres inmediatos, con la finalidad de esforzarse en lapsos largos de tiempos, para después recoger los frutos. Quien de niño y de joven no sabe aplazar las ganancias inmediatas, en el futuro recogerá magras cosechas. En cambio, quien ya está en la década de los cincuenta o sesenta (según la condición física, económica, etc., de cada persona), lo más sabio es reservarse cada día momentos para disfrutar plenamente de la vida sin ningún fin utilitarista.
Cuando las décadas se han echado encima de nosotros, lo más sensato es tomar conciencia de ello y pegarnos más al presente. Si en cualquier edad de nuestra vida el presente es importantísimo, más debería serlo para toda persona de edad avanzada. En esta edad, deberíamos hacer del consejo de Goethe una de las divisas de nuestra vida. Goethe dijo que debíamos darle al momento fugaz un valor de eternidad.
En la edad avanzada, no solamente debemos darle al presente un inmenso valor, sino ir más lejos aún: tratar de vivir cada momento del día con plena conciencia de nuestro espíritu y de nuestros cinco sentidos. No se trata de convertirnos en sensualistas; no, pero sí en cambio, vivir muchos momentos del día de manera diferente: algunos, con una profunda vida espiritual; otros, con una finísima sensibilidad intelectual; y otros, con una franca sensibilidad físicamente placentera.
Una de las estrategias más eficaces para vivir felizmente en los últimos trechos de nuestra vida consiste en otorgarle un alto valor a nuestro pasado. Voltear hacia atrás, no para recrearlos lastimeramente en lo que fuimos, sino para saborear nuestros grandes logros, nuestros actos heroicos, lo mucho que ayudamos a otros; recrear en nuestra mente los grandes pasajes y sitios en los que estuvimos, los grandes encuentros humanos que sostuvimos, los grandes libros que leímos, etc. En cierto sentido, sería cierto para nosotros el dicho popular: “recordar es vivir”.
No se trata de vivir en la nostalgia al recordar nuestro pasado, como tampoco se trata de cerrarles la puerta a un futuro y que aún mucho nos puede ofrecer. De lo que estamos hablando, es de tener plena conciencia de que nuestro futuro cada día es más corto, y que por lo tanto, podemos encontrar en los recuerdos de nuestro pasado un enorme gozo y tranquilidad. Y que vivir cada “momento” nos resulta de un valor incalculable, pues a lo “fugaz” le daremos un valor de “eternidad”. Esta conciencia nos permitirá disfrutar inmensamente el resto de vida que nos quede.
Critilo nos pide que reflexionemos en el enorme acierto científico de Darwin, cuando expuso que las especies de animales que sobrevivían eran las más aptas; pero esta aptitud no correspondía necesariamente a los animales más fuertes, sino a los que mejor se adaptaban al medio y a los cambios físicos de su entorno. Igualmente, la capacidad para adoptarnos a la acumulación de años nos dará como resultado una vida mucho más feliz.MÁS AÑOS ES TAL VEZ MÁS FELICIDAD
Ricardo Lacub
Es posible pensar la felicidad por fuera de los ideales sociales que nos auguran logros, reconocimiento y poder? ¿En qué medida la consciencia de los límites nos permite acercarnos al goce de lo cotidiano?
La felicidad, que aparece hoy como un nuevo tópico de investigación científica, aun cuando siga generando suspicacias y dudas por su complejidad conceptual, nos arroja datos cada vez más sustantivos y consolidados que nos acercan a temáticas abordadas desde hace siglos por filósofos y pensadores que buscaban "ese oscuro objeto del deseo".
Cuando se aborda esta cuestión en relación con el envejecimiento, se produce una especial curiosidad y sorpresa.
Recientemente, en un estudio de la Universidad de Warwick y Dartmouth College, se recolectaron datos de 2 millones de personas, en 80 países (inclusive el nuestro). Los resultados mostraron que las personas de mediana edad disminuían los niveles de felicidad; un dato curioso indicaba que para volver a alcanzar los niveles de los 20 años había que esperar hasta los 70.
Este dato es consistente con otras investigaciones, entre las que se destaca la de Pond Lacey (Journal of Happiness Studies, 2006), donde fueron evaluadas personas de aproximadamente 30 y 70 años y se descubrió que éstas últimas eran más felices. Son resultados que parecen sorprender hasta los más optimistas.
Las explicaciones son variadas, aunque se remarca el peso de la experiencia y el paso del tiempo, los cuales permitirían un punto de vista diferente de la vida. La intensidad de las emociones parece suavizarse particularmente frente a las experiencias negativas, lo que muchas veces se denominó la serenidad de la vejez. Esto no implica la no intensidad de los goces, sino un manejo más adecuado de lo molesto o nocivo.
Aun cuando las explicaciones sean predominantemente de orden psicológico, existe una fuerte evidencia sobre los cambios de la actividad cerebral en la percepción de los hechos negativos en las personas mayores. Por ejemplo, imágenes registradas por un resonador magnético revelaron que la amígdala, que es la parte del cerebro responsable de las reacciones emocionales y la memoria, no reacciona con la misma intensidad que en otras edades cuando se muestran escenas negativas.
Los investigadores Stacey Wood y Michael Kisley (Psychological Science, 2007) grabaron la actividad cerebral de adultos a quienes se les mostraron una serie de imágenes positivas y negativas, tales como un helado o un animal muerto. Mientras que los jóvenes (entre 18 y 25) dieron más importancia a las imágenes emocionalmente negativas, los adultos mayores (55 y más) prestaron más atención a las positivas. Otros estudios agregaron a estas conclusiones la más rápida recuperación frente a eventos negativos.
Stacey Wood (Los Angeles Times, 2007) sostiene que se produce un manejo diferente de la información emocional en el procesamiento cerebral. Esto podría remitir a la antigua noción de sabiduría, interpretada como la habilidad para integrar la información que proveen las emociones, siendo más capaces de sopesar y no hallar tan disruptivo lo negativo o discordante. Mientras que algunos consideran que "los golpes de la vida" podrían enseñarnos lo esencial —es decir, lo que tiene valor para el sujeto—, otras perspectivas complejizan las explicaciones. La psicóloga estadounidense Laura Carstensen viene desarrollando investigaciones sobre las emociones en la vejez en el Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford, tratando de comprender "la predisposición a lo positivo".
La explicación es que el control emocional, que redunda en un más amplio nivel de satisfacción, se debe a la creciente consciencia de finitud y la percepción de un tiempo limitado por vivir, lo que tiende a generar una mayor selectividad emocional, generalmente asociada a objetivos más afectivos, personalizados y con una fuerte focalización en el presente (Psychology and Aging, 2002)
Esta misma perspectiva, en la que la sensación de cierta provisionalidad es más real y palpable, permite darle a la vida más valor y sentir más agradecimiento, así como también enfocarse más sobre los aspectos positivos y promover con ello una mayor satisfacción vital.
La paradoja de la vejez parece radicar, según Carstensen, en que a pesar de que existe cierto declive físico y cognitivo, se incrementa el bienestar psicológico.
Esto no implica que sea una experiencia de todos los mayores. Ciertos niveles de padecimientos físicos o económicos podrían limitar estas vivencias, así como las características neuróticas del sujeto no disminuyen con la edad.
Borges, en el cuento "El inmortal", siguiendo una tradición existencialista, describía el aburrimiento que generaba la falta de prisa de aquellos cuyas vidas carecían de un límite de tiempo. La cercanía del fin puede producir pánico o puede hacer brotar la experiencia más rica del ser humano: el goce de lo cotidiano.QUE CUMPLAS DOSCIENTOS AÑOS MÁS!
Cuenta el Génesis que Adán, el primer hombre, murió a los 930 años. Una longevidad que hemos heredado sus descendientes sólo como un anhelo, impreso en nuestro subconsciente, irremediablemente insatisfecho. La persona más longeva que se conoce desde que existen datos fiables es la francesa Jeanne-Louise Calment, que murió el 4 de agosto de 1997, a los 122 años y 164 días de edad.
Una edad inalcanzable para la mayoría, aunque, en el último siglo, la esperanza media de vida se ha más que duplicado, situándose hoy, en los países desarrollados, en los 83 años para las mujeres y 77 años para los hombres.
La potabilización del agua, una mayor higiene y algunos descubrimientos médicos clave (como la penicilina y las vacunas) han hecho posible este pequeño milagro de vivir unas décadas más y en mejores condiciones. Pero estos avances están lejos de satisfacer nuestra profunda aspiración a una juventud perpetua. Los progresos recientes en biología, la ingeniería genética y el despegue científico de la gerontología abren, sin embargo, nuevas expectativas. ¿Podremos alcanzar la longevidad mitológica que describen los relatos de ciencia-ficción?
'La muerte no es una consecuencia necesaria de la vida. Hay sistemas biológicos que no mueren. Los cnidarios, por ejemplo, viven en el mar indefinidamente siempre que no se altere su medio', comenta Carlos Martínez, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Al contrario que estas criaturas acuáticas, los humanos somos animales de gran actividad metabólica y esto complica mucho las cosas, aunque no desalienta a los científicos que investigan sobre distintas dianas relacionadas con el envejecimiento, bastante prometedoras. Una de las vías de investigación que ha dado resultados más claros, explica Martínez, es la de la dieta hipocalórica.
David Sinclair, investigador de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), es uno de los abanderados de esta vía. Sinclair trabaja con ratones y ha podido comprobar cómo manteniéndolos con una alimentación escasa (que en los humanos equivaldría a unas 1.800 calorías diarias para hombres y 1.500 para mujeres) viven más. Sinclair ha identificado el papel crucial de una proteína (sirtuina) en este proceso y ha localizado el gen que la controla. De esta forma, ha abierto la vía a crear nuevos fármacos que actúen sobre el gen en cuestión de manera que el organismo reaccione como si realmente estuviera bajo una dieta hipocalórica sin estarlo.
¿Cuántos años más podríamos ganar por este camino? Nadie se atreve a dar cifras. Salvo Aubrey de Grey, investigador independiente de la Universidad de Cambridge, que se atreve a predecir un futuro de humanos milenarios, siempre que se consiga reparar la maquinaria humana deteriorada por el paso del tiempo.
A su juicio son siete las causas del envejecimiento, y ha diseñado un programa, SENS (en español, algo así como Estrategias de bioingeniería contra el envejecimiento innecesario ), para combatirlas una a una. Las siete culpables de nuestra decadencia son la pérdida de células, la acumulación de células, las mutaciones en el núcleo celular, las mutaciones en la mitocondria, la acumulación de basura dentro y fuera de la célula y la acumulación de conexiones químicas indebidas en el material que sostiene a las células.
Aubrey De Grey sostiene que si somos capaces de reparar todos los destrozos causados en ese proceso (además de reponer las células que se pierden y resolver el problema de las que se acumulan indebidamente), viviremos para siempre. Manteniendo, además, el esplendor de la juventud. ¿Cuándo se realizará ese milagro? 'En los próximos 10 años lograremos probablemente rejuvenecer ratones de media edad, alargando sus vidas al doble o al triple. Con estos resultados, nuestro proyecto dejará de ser criticado por los científicos, y nos lloverá el dinero para seguir investigando', declara por correo electrónico.
De Grey no promete alargar cientos de años nuestras vidas de la noche a la mañana. Pero, si vivimos para verlo, la sucesión de descubrimientos nos permitirá ir ascendiendo peldaños en la escalera de la longevidad.
Sin embargo, los científicos consideran simplista su análisis. Y en cuanto a la ordenada lista de las causas de nuestra progresiva decrepitud, tampoco genera credibilidad. 'Es cierto que el envejecimiento se produce por una acumulación de daños en los tejidos, en eso están todos los investigadores de acuerdo; lo que aún no está tan claro es cuál es la naturaleza de este daño', opina Manuel Serrano, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). 'Para algunos, es la oxidación de las proteínas, para otros, la oxidación del ADN, o las roturas del ADN; otros argumentan que es la pérdida de telómeros, o la pérdida de células madre, etcétera'. Dicho en otras palabras, 'faltan por definir las causas fisiológicas del envejecimiento'. No obstante, el panorama se aclarará, asegura Serrano, en las próximas dos décadas.
Un plazo imprescindible, sobre todo porque esta cura del envejecimiento que propone De Grey pasa por encontrar un remedio efectivo al cien por cien para uno de los grandes asesinos de nuestro tiempo: el cáncer. Él tiene ya su propia fórmula, que consiste en impedir la proliferación del tumor eliminando los genes que controlan la telomerasa, enzima clave en este proceso.
'Eliminar la telomerasa no es una garantía de protección absoluta contra el cáncer. Los tumores se pueden formar sin ella aunque de manera menos eficiente', señala María Blasco, investigadora del CNIO y experta en este apartado de la biología molecular. Además, añade, 'la telomerasa es un gen de longevidad y, por tanto, para extender la vida lo que habría que hacer es aumentar su actividad de manera controlada', sin dar tiempo a la formación del tumor.
Serrano no niega la hipótesis de que en un futuro sea posible alargar sustancialmente la vida humana. 'De hecho, no hemos dejado de alargarla desde los tiempos de Atapuerca', subraya este científico, que le concede a De Grey el mérito de haber propiciado un cambio en la perspectiva desde la que se mira el envejecimiento. Que, a fin de cuentas, 'es un problema de salud producido por una pérdida sistémica de función', para el que quizás haya un día soluciones médicas.
En esta convicción trabajan también la biogerontóloga Ana Navarro y su equipo de la Universidad de Cádiz, que experimentan con ratones los efectos de distintos tratamientos. Navarro ha probado con éxito una combinación de dieta hipocalórica, vitamina E, alta actividad neurológica y ejercicio físico moderado. Aun así, nadie se atreve a hablar de fechas en este proceso ni mucho menos a prometer plazos de ampliación de la vida humana. Son demasiadas las vías prometedoras que han desembocado en un desierto de resultados.
Pongamos el caso de los antioxidantes. Bruce Amis, que lanzó la hipótesis de la oxidación, ha seguido trabajando sobre el impacto de algunas sustancias antioxidantes en el proceso de envejecimiento. Pese al éxito relativo de sus experimentos, sin embargo, no han podido probarse en humanos. Y no hay estudio alguno que demuestre que el consumo de antioxidantes alargue la vida, aunque el mercado cosmético ha sacado sustancioso partido al término.
'Encuentro más futuro en los trasplantes, que han tenido un desarrollo enorme en los últimos tiempos', apunta Jaime Miquel Calatayud, gerontólogo y padre también de la hipótesis de la oxidación, que trabajó para la NASA en los años sesenta como jefe de neuropatología experimental. Calatayud investigó los efectos de la ingravidez en el organismo de los animales, en cierto modo similares a los que produce el envejecimiento. Pero se muestra escéptico cuando se le mencionan las posibilidades de la regeneración celular. 'La dificultad está en regenerar las neuronas, donde se acumula la memoria y la identidad de un individuo'. José Manuel Ribera Casado, catedrático de Geriatría de la Universidad Complutense y jefe de Geriatría del hospital Clínico de Madrid, se enfrenta a diario en su consulta con una realidad muy alejada de las soñadoras teorías de Aubrey de Grey, que a él le parecen ciencia-ficción. 'La realidad es que la esperanza de vida máxima se mantiene en el mismo tope más o menos desde hace 1.000 años. Lo único que ha mejorado de manera significativa es la esperanza de vida media, que es un concepto estadístico distinto. Hasta ahora lo único que frena la vejez es la muerte', comenta, cáustico.
Ribera tiene claro que los cambios que se asocian al envejecimiento intrínseco son, hoy por hoy, inalterables. 'Vienen predeterminados por nuestro patrón genético, y se asocian a un uso que genera gasto. Los órganos se van desgastando; en ese desgaste se manifiesta el reloj biológico. La oxidación que provoca radicales libres también es un factor intrínseco'. Luego están los factores extrínsecos: la huella de alguna enfermedad, la alimentación, el tipo de vida que se lleva, etcétera, que sí se pueden modificar.
Como geriatra, o gerontólogo clínico, este facultativo apuesta sobre todo por la prevención y el avance médico. 'Hoy por hoy es la única vía eficaz para retrasar el envejecimiento. Si vivimos más es porque han mejorado aspectos que tienen que ver con la prevención. Las vacunas contra la polio, contra la viruela, contra la gripe, prolongan la vida; los fármacos que previenen las recaídas en ciertas patologías, también. Y, por supuesto, la dieta es importante, evitar la malnutrición y la obesidad, paliar el déficit de vitaminas y de calcio en las personas mayores tendría consecuencias enormes. Luego está la actividad física, que se ha demostrado crucial'.
Su receta es prudente, aunque deja insatisfechas nuestras ilusiones de eterna juventud. Se resume en evitar el tabaco y el alcohol, buena alimentación, ejercicio y atención médica preventiva. 'Nada de esto nos hace inmortales', reconoce, 'pero mejora y prolonga la vida'. Mientras llega el momento de alcanzar la longevidad de Adán.CUANDO EL CEREBRO DEJA DE DAR LA HORA EN PUNTO
¿Por qué tenemos más hambre en unos momentos del día que en otros? ¿Por qué la tensión arterial es mayor durante las horas de luz que por la noche? ¿Por qué cambia la temperatura corporal, la fuerza muscular e incluso nuestro sentido del humor en unos u otros momentos de la jornada? Hace tiempo que los científicos descubrieron que el organismo está programado gracias a un reloj biológico -también llamado circadiano- que se encuentra en el cerebro. Con los años, este reloj se va deteriorando. Las diferencias entre el sueño y la vigilia se atenúan. De alguna manera, los tiempos y ritmos corporales se desajustan en las personas mayores. Es un síntoma del proceso natural de envejecimiento. Por eso, a los científicos les preocupa que, por culpa del estrés, las horas robadas al sueño y los ritmos de vida cada vez más artificiales, las personas vuelvan locas las manecillas de su reloj biológico antes de tiempo, y el organismo envejezca más rápido de lo que debería. Eso es precisamente lo que está estudiando el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia (UMU), dirigido por el catedrático de Fisiología Juan Antonio Madrid. En el proyecto participan una decena de universidades y centros españoles. En total, están siendo analizados 3.000 pacientes de más de 65 años. El objetivo es «medir el grado de envejecimiento biológico» de una persona a partir de un estudio de sus ritmos naturales. «Los mayores no duermen igual -explica el profesor Madrid-. Las diferencias entre el sueño nocturno y la vigilia se van atenuando, se van perdiendo las diferencias entre el día y la noche».
Por culpa del trabajo, los hábitos de ocio y hasta la televisión, las personas estamos cada vez más acostumbradas a romper con lo que nos marca el reloj biológico. «El trabajo a turnos se está extendiendo. Hay mucha gente que una semana se levanta a una hora y a la siguente a otra completamente distinta». Además, se roban horas al sueño para disfrutar del fin de semana o del programa de televisión favorito. Todo eso tiene consecuencias. «Lleva a un envejecimiento prematuro», advierte Juan Antonio Madrid. Es algo que ya se ha comprobado en animales de laboratorio.
Todas estas cuestiones están siendo abordadas en el curso Cronobiología del envejecimiento, organizado por el Colegio de Médicos y la Universidad de Murcia. Además, hoy arranca un ciclo de conferencias bajo el título Hábitos saludables en el envejecimiento con la participación del doctor Eduard Estivill, que hablará sobre alteraciones del sueño. Las alteraciones en el reloj biológico están detrás de muchos casos de insomnio. Este reloj es el que da lugar a la liberación, durante las horas nocturnas, de una hormona conocida como melatonina, que llega a todas las células del cuerpo e indica la entrada en la fase de sueño. La melatonina aparece desde las nueve o diez de la noche hasta las nueve de la mañana, aproximadamente. La luz reduce prácticamente a cero la producción de esta sustancia. Durante la noche también se producen otros cambios. La tensión arterial, por ejemplo, baja. «Si eso no ocurre, si se produce hipertensión nocturna, hay riesgo cardiovascular».También hay cambios en la fuerza muscular. «Lo normal es que el mínimo se sitúe entre las seis y las ocho de la mañana, mientras que el máximo de fuerza muscular se alcance sobre las ocho de la tarde».
Cada organismo, sin embargo, es distinto. Hay personas «vespertinas». Tienden a despertarse tarde, «se levantan con poco ánimo, con mal humor, sin apetito ni ganas de hablar. No memorizan bien. Por el contrario, por la tarde y noche están en su momento óptimo». Mientras, a los «matutinos» les gusta levantarse pronto, tienen apetito al despertarse y les gusta trabajar por la mañana. Por supuesto, «en todo esto influyen los hábitos familiares, culturales y sociales, pero existe un sustrato biológico».
Útil contra el cáncer
El estudio del reloj biológico tiene muchas aplicaciones posibles. Una de ellas es la lucha contra el cáncer. El Laboratorio de Cronobiología que dirige Juan Antonio Madrid está desarrollando un estudio junto al grupo de Anatomía Patológica de la UMU sobre la capacidad de la melatonina -la hormona que libera el propio organismo en la fase de sueño- para frenar el desarrollo del melanoma. Conocer esto puede servir de ayuda a la hora de establecer tratamientos. En general, las terapias contra los distintos tipos de cáncer pueden ser más efectivas según la hora del día en que se suministren, de acuerdo a lo que el reloj biológico marque en cada paciente en concreto. «Es posible que sea mejor que un enfermo reciba quimioterapia a las ocho de la mañana que a las seis de la tarde, o viceversa», explica el profesor Madrid. Todo depende de la división celular. Si la terapia se aplica cuando las células tumorales están en plena división, será más efectiva.LA VEJEZ ES ETAPA DE PÉRDIDA PERO TAMBIÉN DE NUEVAS
Los años comienzan a pesar y el cuerpo manifiesta desgaste, sin embargo, en más de un caso, personas mayores de 70 años reflejan un espiritu más jovial que alguno que tiene la mitad. Los estudios señalan que la falta de actividades fìsicas y mentales conducen a la tercera edad a la depresión, los estados de soledad y los predispone a enfermarse. No obstante, los avances de la medicina y la tecnología y la difusión de información a través de los medios han modificado el papel de los abuelos, convirtiéndolos en personas activas. “El concepto sobre esa etapa de la vida ha cambiado: ya no se habla de ancianos o vejez sino que se implementan términos como tercera edad o adultos mayores que carecen de una connotación peyorativa”, expresa la psicoanalista, Graciela León.
Si bien las características de la persona influyen en el modo para encarar la tercera edad, según la psicóloga, se pueden adquirir hábitos que mejoren la calidad de vida.
Situaciones comunes: “Si tenemos que hablar de un denominador común en esa edad, psiquicamente el mayor impacto es producido por las pérdidas”, destaca la profesional. Acompañando el paso del tiempo comienzan a manifestarse diferentes cambios. Opuesto al mensaje que recibimos de la cultura actual en la impera la imagen, según León, aparece la primera pérdida: la del cuerpo joven. “Aparecen nuevos síntomas que cuanto más viejos son, más se agudizan. Coincide con que también los hijos crecen, se van de casa y comienzan a hacer su propia vida. Una circunstancia que se vive como una pérdida parcial”, sostiene.
Se termina la etapa de productividad laboral, en muchos casos quedan viudos, mueren amigos, y el proyecto de vida aparece casi cumplido, se requiere de un nuevo sentido, según explica la especialista.
“Es una edad de muchas pérdidas reales pero también puede ser un momento de adquisiciones: nuevos vínculos, nuevas actividades, nuevas necesidades... en el que se disfruta de otras cosas”, dice León. Y agrega: “no hay borrón y cuenta nueva sino que lo importante es que ante las circunstancias se entrene la capacidad para sustituir la falta. Se pueda depositar afecto en otras personas o en otras actividades”.
Recomendaciones
Para asegurarse una buena calidad de vida, los especialistas aconsejan poner en prácica algunos de estos hábitos:
- Tener un sentido en la vida que sirva como motivo o razón para vivir. Es beneficioso proponerse objetivos que muevan a amar y crear.
- Es de importancia fundamental mantener una vida activa física, mental y socialmente. Combatir la tendencia a la pasividad.
- Realizar alguna tarea o trabajo de participación útil. Ocuparse de alguna actividad que proporcione el placer de realizarse y de contribuir al bienestar social.
- La realización de tareas creativas, productivas que resulten satisfactorias, mejora el tono emocional y la calidad de vida.
- Mantener activas, entrenadas, las capacidades intelectuales con ejercicios de pensamiento creativo. Por ejemplo: pensar en varias formas de solucionar un problema, ver una cuestión desde distintos puntos de vista, generar nuevas ideas sobre una cuestión determinada o inventar nuevos modos de usar las mismas cosas.
- Realizar un programa de ejercicios físicos por lo menos tres veces por semana, por 20 o 30 minutos (gimnasia, caminata), preferentemente en grupo.
- Asumir una actitud optimista en la vida al enfocar los aspectos positivos de la realidad.
- Creer en el mejoramiento humano, pero no pasivamente sino a través del esfuerzo y del trabajo.
- Transmitir las experiencias y el saber acumulado de una vida, a las nuevas generaciones a través de la convivencia y los diálogos con jóvenes en distintos ámbitos de la vida.LA VIDA ERÓTICA EN LA VEJEZ
La sexualidad, la erótica y la amatoria en la vejez están siendo objeto de mucho interés en la actualidad, aunque históricamente han estado cargadas de mitos y prejuicios. Evidentemente, en esta etapa se producen una serie de cambios físicos: el cuerpo es menos ágil, la vista y el oído menos agudos, el aspecto físico varía considerablemente (el cabello escasea, o se vuelve canoso, hay más tendencia a engordar, son inevitables las arrugas) y las enfermedades se hacen más frecuentes, así como las dolencias crónicas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los cambios físicos producto de la vejez varían mucho de una persona a otra. Pero los cambios fundamentales que se producen en la visión que las personas mayores tienen de sí mismas, y en su comportamiento, no son un producto de sus cambios físicos, sino del rol social que se les impone. En nuestra cultura los ancianos y las ancianas son percibidos de forma negativa, y nuestras ideas sobre la vejez están llenas de mitos y prejuicios. Parte de esta concepción tan negativa de la vejez proviene de la idealización de la juventud que se realiza en nuestra sociedad (por ejemplo, en los medios de comunicación), donde se ensalzan las características de los adolescentes y los adultos y adultas jóvenes.
Es frecuente considerar a los ancianos y las ancianas como seres ‘asexuados’, especialmente en el caso de la mujer. Una vez más nos encontramos con que socialmente la vida erótica es equiparada a la vida reproductiva y, por tanto, limitada y empobrecida. Sin embargo, también en la vejez es posible tener una vida erótica plena y satisfactoria.
Es cierto que hay cambios físicos que influyen en la erótica de la vejez: En la mujer, generalmente la vagina se vuelve menos elástica, hay mayores dificultades para lubricar, y el ritmo de la fase de excitación disminuye. En el hombre, generalmente varían las erecciones de forma que puede hacerse más lenta la fase de excitación y con ella la erección (que también se puede volver menos firme), y puede disminuir la sensibilidad en el pene y la necesidad física de eyacular.
En cualquier caso, el mayor órgano erótico es el cerebro: si estamos convencidos de que nuestra vida erótica y, principalmente, nuestras relaciones genitales se acaban con la vejez, pues esa parte de nuestra vida erótica se acabará con la vejez. Sin embargo, si pensamos que la sexualidad puede aportar felicidad toda la vida, es más probable que encontremos en cada etapa formas de expresión de esa sexualidad que nos hagan felices y nos satisfagan. Cabe destacar también en esta etapa de la vida existen una serie de factores que suponen una ventaja con respecto a otras etapas, y que hacen que muchas ancianas y ancianos puedan vivir su sexualidad con más plenitud que en épocas anteriores:
Ventajas de la sexualidad en la vejez
En ocasiones, la llegada de la menopausia supone una liberación para muchas mujeres de la preocupación de un embarazo no deseado, lo que puede influir positivamente en su vida erótica, especialmente en lo tocante al coito.
El establecimiento de una relación de pareja íntima y positiva, a veces con años de convivencia, buenas relaciones y confianza, puede traducirse en una mayor desinhibición en las relaciones eróticas, y mayor capacidad para comunicar gustos y necesidades.
También es posible que los años de relación hayan posibilitado que la pareja cree sus propias formas de expresión erótica (hayan inventado caricias, formas de tocarse o besarse, palabras, ritos o juegos específicos) de los que ambos disfruten. También es posible que hayan aprendido a complacerse mutuamente, conozcan el cuerpo de la otra persona, y hayan descubierto formas de encuentro erótico satisfactorias. Si el coito no se desea o no es posible, las parejas de larga duración a veces han encontrado otras formas de relación que los satisfacen y los hacen felices.
La vejez es una etapa idónea para practicar las caricias y ampliar el abanico de artes eróticas al existir más tiempo disponible y, en el caso de muchas parejas cuyas hijas e hijos han abandonado el hogar, también más intimidad.
Al hacerse más lenta la fase de excitación de la respuesta genital masculina y retrasarse la eyaculación, suele existir una menor prisa y presión por llegar al orgasmo y, por ello, muchas parejas de ancianos dedican más tiempo a las relaciones, ya sea de caricias, genitales, o de coito. Para algunas personas, es la etapa en la que se dedica más tiempo y cuidados a ‘hacer el amor’.
En cualquier caso, cada etapa del desarrollo de la erótica y la amatoria humana va a estar enormemente determinada por la información y la educación que se reciba y por la interiorización de ideas, creencias y expectativas, con respecto a la sexualidad, que posteriormente condicionarán nuestras experiencias al respecto. Aquellas personas que asuman que la sexualidad sólo acaba con la muerte, tendrán más oportunidades de disfrutarla en esta etapa de la vida.ESTÉTICA EN LA TERCERA EDAD
Es bien sabido que la piel no se conserva joven por sí sola, los años van favoreciendo la formación de las arrugas; pero además hay una serie de factores como el sol, el tabaco, el estrés, la inadecuada alimentación, el alcohol, etc. que favorecen que ese deterioro se acelere. Así pues, no se puede evitar el declive general del paso de los años, pero sí retrasar el envejecimiento producido por la serie de factores enumerados adoptando un estilo de vida saludable.
Estudios psicológicos han demostrado que una apariencia joven equivale a menudo a juventud y atractivo, y se considera paralelo a una personalidad y trato agradables. La decadencia de la piel se manifiesta principalmente por una disminución de su grosor, con pérdida de elasticidad y consecuentemente con un aumento de la profundidad de las líneas faciales de expresión.
Exposición al sol: Cuando a este envejecimiento se añade una exposición excesiva al sol, máxime sin medidas correctas de fotoprotección, se produce el llamado fotoenvejecimiento, caracterizado por: laxitud, color amarillento, piel áspera y deshidratada, arrugas, etcétera. Estos efectos negativos, de no ser oportunamente contrarrestados van llevando a los células epidérmicas a una situación de hipofunción y en consecuencia al progresivo desperfecto y pérdida de elasticidad.
La exposición a largo plazo a otros elementos ambientales como el viento, el frío, el calor, la polución, etc. también contribuyen a favorecer el envejecimiento de la piel y si a esto añadimos el efecto del tabaco; vemos como la piel se nos estropea más y más rápido de lo que desearíamos.
La dermatología dispone de una amplia gama de tratamientos para corregir el envejecimiento cutáneo que va desde técnicas renovadoras de la superficie de la piel, por ejemplo los 'peelings', la implantación de sustancias como el botox y la aplicación de una amplia variación de productos dermocosméticas; hasta las técnicas de láser o tratamientos quirúrgicos de estiramientos de la piel. Todos estos procedimientos los decidirá el dermatólogo, previo estudio de la piel de cada persona a través de la correspondiente historia clínica, exploración, análisis complementarios, etc. Como es lógico, todos los casos no precisan el mismo tratamiento, será el especialista quien individualice el procedimiento en cada persona.
Lucha y equilibrio: El hombre siempre ha intentado luchar contra la vejez, pero es en la sociedad actual, con el progresivo envejecimiento de la población, donde este hecho es cada vez más fuerte. Respecto a la senectud se manejan dos conceptos: la edad cronológica y la biológica. La primera viene marcada por el paso de los años. La segunda nos indica mediante diversos parámetros en qué condiciones de decadencia se encuentra una persona. Si el equilibrio entre ambos se pierde y la vejez biológica comienza a ganar terreno (sedentarismo, mala alimentación, falta de ejercicio físico y mental, estrés, etc.), el desgaste natural de la persona va a provocar trastornos en su salud. Es importante cuidar nuestra piel, pero sin esperar milagros de los tratamientos; debemos saber aceptar el paso de los años, de modo que si a esa belleza de los cabellos grises, de la experiencia del saber y de la vida, de la poesía del otoño, de la persona, añadimos el cuidado de la piel, una alimentación equilibrada, ejercicio para mover las piernas y el corazón y el estímulo de nuestra actividad mental, lograremos envejecer con elegancia y buen humor. La belleza hay que buscarla, hay que ganarla día a día y conservarla a través del paso de los años. No sólo la hermosura de la piel, sino también la de los sentimientos, la experiencia y los conocimientos; es decir, la belleza de la vida: El vivir y dejar vivir no es patrimonio exclusivo de la juventud.EL INELUDIBLE GRITO DE LOS ANCIANOS
María Cortina
Los viejos están solos, casi siempre. Es duro mirarlos de frente, acompañar el movimiento de sus ojos; dar el paso y entrar cuando abren la puerta que conduce al centro de su alma. Pasear con ellos. Escucharlos cuando frente al espejo advierten que ya nada será como solía ser. Absolutamente nada.
Más que estar solos, los ancianos habitan al interior mismo de la soledad. Conocen sus ventanas, distinguen cada uno de sus olores. Adivinan el momento exacto en que habrá de abrir sus fauces para arrancarles un trozo de vida. Uno más. Y algunas veces, cuando rompe el alba, se protegen con su oscuridad. Desaparecen. Saben que no hay nadie que quiera escuchar su grito, el grito inaudible de los ancianos.
Hay quien asegura que la soledad en las mujeres ancianas es aún más intensa, más lúcida, mucho más poderosa que la de los hombres. La soledad de la mujer multiplicada. La piel puesta sobre el fuego que aún conservan, aunque nadie lo note. Ni siquiera la ciudad que las ha visto construirse, volver a nacer, cuando rompieron el silencio impuesto y se descosieron la lengua. Ellas, las ancianas de hoy y sus madres. Sus abuelas guerreras del campo y la ciudad.
En la Ciudad de México más de medio millón de mujeres mayores de 60 años, intentan espantar a la muerte. Eso dicen las estadísticas a las que pude tener acceso. Mas de medio millón de mujeres a quienes el pasado les concede existencia, únicamente el pasado. Y cuentan historias sobre su vida para dignificar su presente. Pero no se entierran en el pasado, buscan también ser en el futuro, lo intentan con fuerza, organizan actividades, planifican, se aferran a la idea de que es posible amanecer con vida, un día más. Solo uno más, dicen al atardecer, y se van acercando al siglo.
Hace un siglo la esperanza de vida de la mujer era de 30 años. Fueron los tiempos de mayor mortalidad en México, las primeras décadas del siglo XX. Hoy sin embargo, la esperanza de vida es de 75 años, cuatro más que la de los hombres. Miles llegan a los cien años y más. Se empeñan en soñar despiertas que aún hay espacio para ellas en un mundo que se ha dado a la tarea de olvidarlas. Quieren vivir más tiempo, siempre y cuando la vida sea más generosa que la muerte. Por eso, casi a escondidas, acarician a la vida con los dedos del deseo.
La voz de las ancianas se asemeja a la palma de la mano. Está llena de líneas, puede leerse casi. Como un libro, cada historia que cuentan es la escritura misma de su vida. Pero no es fácil leerla, ni escucharla, ni soportarla. La cercanía de la muerte aterra. Y levantamos un muro, las obligamos a colocarse la máscara de la locura, cuando no encuentran otra forma posible para alcanzar la serenidad.
El muro es la mirada de los otros. La que les niega acceso al mundo productivo, la que les cercena la capacidad de crear. Aunque continúan creando. A oscuras, se protegen e inventan lo que los otros les roban. La creatividad, la voz, el derecho a la lentitud. A seguir perteneciendo. A ser. Y comprender su historia.
La historia de los ancianos es también nuestra historia. La que fue y la que será. La historia no contada y la que está ya escrita en los rostros de los adolescentes. La historia que necesitamos escuchar, porque nadie nos ha dicho cómo llega la ancianidad, en qué esquina la veremos asomar su sombra, en qué parte de nuestro cuerpo se hospedará. Nadie ha escrito nunca qué forma guarda el camino que el adulto recorre hasta llegar a la vejez. Sabemos qué le sucede al organismo, qué pierde, qué se atrofia. Pero no hemos descifrado la ruta. Ni descubierto su luz.
Simone de Beauvoir estudió la ancianidad. Sus dolores, sus temores. Simone de Beauvoir le limpió el rostro a la vejez, criticó por vez primera la forma que tiene la sociedad de mirar a los ancianos. Pero no nos devolvió la esperanza. Al contrario, por momentos nos hace pensar que no hay forma de remediar la soledad que nubla su mirada. Mientras sigan siendo parte de los marginados, no habrá forma de devolverles la vida. La poca vida que les queda por vivir.
Los ancianos no se olvidan nunca de su vejez. Es imposible apartarla de la almohada, del frasco de medicamentos, de la silla, del espejo. Pero hay algunos que la invitan a caminar de la mano con ellos. Son los que se salvan del terror de verse degradados. Y siguen el camino. No escuchan el lamento de su cuerpo. Ni la sordera del mundo. Ven al mundo y consiguen reconocerse. Cuando en ese mundo encuentran alguien que brinde con ellos, alguien que no agrede, ni grita ni levanta el muro, recuerdan que la vida ya no será como solía ser. Pero sigue siendo vida. Y andar al filo de ella puede incluso ser más intenso, mucho más intenso que la sola ausencia de la muerte.EL AMOR EN LA TERCERA EDAD
Al hacer un estudio sobre la vida sexual de los adultos mayores, se llegaron a conclusiones muy interesantes, en especial por la franqueza de los involucrados.
Si bien la actividad sexual disminuye con la edad, no se detiene; siendo las mujeres las que llegan a considerar al sexo como algo “sin importancia” (35%), mientras que sólo el 13% de sus contrapartes comparte la opinión.
La actividad sexual puede ser una buena forma de medir el estado de salud de los adultos mayores, por ello, investigadores del Proyecto Nacional de Vida Social, Salud y Envejecimiento (NSHAP, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Chicago entrevistó a poco más de tres mil adultos estadounidenses (1,550 mujeres y 1,455 hombres) de entre 57 y 85 años para conocer aspectos de su vida sexual.
La información recabada brindó conclusiones muy interesantes, en primer lugar, por la franqueza con que los participantes respondieron al estudio.
En primer lugar, los investigadores encontraron que la prevalencia de la actividad sexual efectivamente disminuye con la edad, pues el 73 por ciento de los encuestados entre los 57 y los 64 años afirmó tener actividad sexual, pero este porcentaje fue menor (53 por ciento) en el grupo de 65 a 74 años, al igual que en el sector de entre 75 y 80 años, donde sólo el 26 por ciento refirió seguir activo sexualmente.
Las mujeres fueron menos propensas a mantener actividad sexual, ya que mientras el 78 por ciento de los hombres de entre 75 y 85 años tenían cónyuge u otra relación íntima, sólo 40 por ciento de las mujeres de ese grupo de edad tenía pareja. De hecho, el 35 por ciento de las entrevistadas declararon que el sexo era “algo sin importancia”, sólo el 13 por ciento de los varones compartió esta opinión.
Más de la mitad de las personas del grupo mayor de 75 años sexualmente activas aseguraron tener relaciones sexuales al menos dos o tres veces al mes. El 23 por ciento informó una frecuencia de relaciones de al menos una vez por semana.
En cuanto a los problemas sexuales, casi la mitad de los hombres y mujeres eran sexualmente activos confesó tenerlos. El más frecuente entre las mujeres era poco deseo (43 por ciento), resequedad vaginal (39 por ciento) e incapacidad para llegar al orgasmo (34 por ciento).
Para los hombres el problema más común fue la disfunción eréctil (37 por ciento). Ante esto, el 14 por ciento de ellos dijo usar medicamentos o complementos para mejorar su función sexual.
Es significativo que la salud, antes que la edad, sea lo que más afecta la vida sexual de los adultos mayores, pues los encuestados con más problemas de salud eran menos propensos a la actividad sexual. Sólo el 38 por ciento de los hombres y el 22 por ciento de las mujeres dijo haber hablado sobre su salud sexual con un médico desde los 50 años.
A pesar del deterioro de su salud, muchas personas encontraron maneras de permanecer sexualmente activas, entre estas alternativas se encuentran el sexo oral (con una prevalencia de casi el 50 por ciento entre los menores de 75 años) y la masturbación (más de la mitad de los hombres y el 25 por ciento de las mujeres afirmaron que se masturbaban, independientemente de si tenían una pareja). Con todo, el coito vaginal fue el que más predominó, si bien su frecuencia baja con el paso del tiempo.
En opinión de Edward Laumann, coautor del estudio y profesor de sociología de la Universidad de Chicago, “la relación con la salud sexual es más cercana a otros asuntos de salud y no está tan relacionada con el envejecimiento en sí La salud sexual, cuando comienza a deteriorarse, podría ser una señal de advertencia importante, porque podría ser una señal de advertencia precoz de problemas de salud más profundos”. Parte de la investigación implicó la recolección de muestras de saliva y vaginales, las cuales proveerán información sobre los niveles hormonales de los participantes, la prevalencia de enfermedades crónicas como la diabetes y la frecuencia del virus del papiloma humano (VPH), que se transmite sexualmente, entre este sector de la población.
“(El estudio) nos da, por primera vez, los datos más completos y nacionalmente representativos de la sexualidad de los hombres y las mujeres, y realiza una contribución particular en cuanto al conocimiento de la sexualidad de las mujeres mayores”, indicó la doctora Stacy Tesser Lindau, autora principal del la investigación y profesora asistente de ginecoobstetricia y de geriatría de la Universidad de Chicago.SINGAPUR SE CENTRA EN LA TERCERA EDAD
Medidas para mejorar las posibilidades laborales y la seguridad económica de la tercera edad, para hacer más asequible la atención sanitaria y para impulsar los ambientes accesibles y exentos de obstáculos para los ancianos son algunos de los logros del Comité Ministerial sobre Envejecimiento en 2007.
Establecido en marzo del año pasado, el nuevo comité tiene cuatro objetivos principales en relación con la tercera edad: mejorar sus posibilidades laborales y su seguridad económica, ofrecerles una atención sanitaria integral y asequible, permitir el envejecimiento en el lugar de residencia y promover el " envejecimiento activo" para facilitar la integración en la sociedad de los ciudadanos de la tercera edad.
Se ha logrado avanzar en estos puntos estratégicos y otras 39 recomendaciones se seguirán implementando este año.
Como ejemplo, el programa de Salario Suplementario para trabajadores de edad avanzada con ingresos reducidos, anunciado en el presupuesto del año pasado, forma parte de un plan a gran escala para conseguir que los singapurenses trabajen más años.
El programa, que complementa el salario de los trabajadores con tasas de contribución al Fondo Previsor Central (CPF, siglas en inglés) escasas, es una de las razones gracias a las cuales ha aumentado el número de ancianos singapurenses ocupados, señaló el comité en su informe.
Hasta junio del año pasado, un 56,2 por ciento de la población de entre 55 y 64 años tenía un empleo, 2,5 puntos porcentuales más que el año anterior. El gobierno estaría considerando posponer la edad de jubilación de los 62 años actuales a los 67.
Singapur ha mostrado una gran preocupación en los últimos años por las cuestiones relacionadas con la tercera edad, puesto que la ciudad estado cuenta con una de las poblaciones con ritmo de envejecimiento más rápido del mundo. En 2030, uno de cada cinco residentes tendrá 65 años o más, en comparación con el porcentaje actual, uno de cada doce. Otra de las sugerencias que figuran en el calendario es conseguir que todos los edificios públicos eliminen sus barreras arquitectónicas. En noviembre del año pasado, 122 recintos ya eliminaron todos sus obstáculos, y se espera que se culmine el proceso en 2011.
Como otra medida, el año pasado, el gobierno complementó las cuentas de los ciudadanos de más de 50 años de edad con cantidades entre los 67 y los 333 dólares singapurenses (47 y 233 dólares USA) , práctica que se seguirá llevando a cabo los próximos tres años.
El consejo para la Tercera Edad se estableció el año pasado para premiar a los ancianos activos y destinará alrededor de 14 millones de dólares USA a la promoción de proyectos relacionados con la tercera edad a nivel de comunidades.
Los expertos han defnido 2007 como el año en que Singapur prestó una gran atención a la tercera edad. (Xinhua)VEJEZ: OTRA VEZ
Arnoldo Kraus
En un magnífico ensayo, Ovidio en el iPod (Letras Libres, enero 2008), José Emilio Pacheco escribe: “La paradoja final de la poesía, que acaso explique su aislamiento, es ser mala conductora de la dicha y el placer, y en cambio receptáculo privilegiado de la negatividad del mundo. Sus topoi, o lugares comunes o temas privilegiados, son los mismos siempre en todas las lenguas, en todas las épocas, en todas las culturas: el dolor, la muerte, el paso del tiempo, lo efímero de nuestra experiencia de la vida”.
La medicina no es, por supuesto, poesía, aunque, como se ha dicho en más de una ocasión, con frecuencia el lenguaje de los enfermos conlleva ideas poéticas y oraciones que son o semejan poesía. Las razones por las cuales los pacientes se recargan en el lenguaje para exponer lo que esconde la piel son similares a los topoi de Pacheco. “El dolor, la muerte, el paso del tiempo y lo efímero de nuestra experiencia de la vida”, así como el sufrimiento, son temas recurrentes que se repiten y se repetirán por siempre como retrato del ser que mira diferente porque la patología lo ha convertido no en otra persona, pero sí en un ser distinto donde la vida conlleva otras miradas.
Poco importa si los primeros ejercicios médicos consistían en colocar la oreja en el pecho del enfermo para auscultar sus males, o si en el futuro será por medio de la clonación terapéutica o de robots, como se prevengan y se traten algunas enfermedades. Los temas privilegiados en medicina y en poesía serán siempre similares, los poetas continuarán utilizando las letras para exorcizar su dolor y algunos enfermos se recargarán en el lenguaje para darle sentido a su momento de vida.
La vejez –“el paso del tiempo, lo efímero de nuestra experiencia de la vida”– conlleva en la voz de los pacientes una serie de reflexiones que permiten mirar adentro, en ocasiones, incluso más profundo que algunos estudios de laboratorio. En ocasiones la muerte del viejo querido sirve para culpar a los médicos o a los hijos: “La muerte de tu papá se aceleró –recién le habían encontrado un tumor maligno– porque tanto el médico como tú decidieron decirle el diagnóstico. Seguro hubiese vivido más tiempo de no haber sabido la verdad”.
A veces nos recuerda la torpeza y la falta de sensibilidad de algunos galenos: “La semana pasada –cuenta una mujer de 83 años– le pregunté a mi doctor cuánto tiempo más tendría que seguir utilizando el oxígeno. Envuelto en una sonrisa un tanto idiota respondió: ‘Toda la vida’”.
Con frecuencia nos hace saber que la tristeza siempre está presente. Después de interrogar a un enfermo de 70 años, quien pocos meses atrás había perdido a su hija mayor a consecuencia de cáncer de ovario, me comentó que la hija más joven tenía tres meses de embarazo. “Sabe, doctor, la semana pasada le hicieron un ultrasonido a mi hija. Para mi sorpresa el bebé es idéntico al primogénito de la que falleció.”
Otras veces los enfermos atribuyen sus enfermedades y sus cuadros depresivos a factores externos: “Toda mi vida he tenido fibromialgia y depresiones. Seguramente mis males se deben a las transfusiones que me pusieron cuando era joven”.
En ocasiones los pacientes descubren la falta de tacto de la medicina contemporánea. Con ironía contagiosa, un paciente de 87 años, después de leer el resultado de una prueba de laboratorio, me dijo: “¿Qué crees, Arnoldo? Yo ya no existo. En las gráficas del laboratorio están las variables normales del antígeno prostático para los hombres de 40 a 45 años, de 46 a 50, de 51 a 55 y así hasta 76 a 80”.
Algunos pacientes nos recuerdan que su fragilidad es independiente de su voluntad y del deseo de sus familiares, amigos y médicos. Hace poco tiempo, una enferma de 55 años, quien padecía anorexia nerviosa desde los 20 años, tras enterarse que tenía un tumor maligno comentó: “Yo nunca le supe a esto de la vida, así que mejor terminemos pronto”.
El lenguaje de los enfermos viejos no es poesía. Es, simplemente, otra lectura de la vida donde el dolor se combina con la agudeza y con la crudeza que suele dejar el paso del tiempo. Al igual que José Emilio Pacheco, estoy convencido de que los doctores de las próximas décadas, si es que no son suplidos por la ciencia de la robótica, seguirán escuchando las mismas anécdotas que han tapizado las paredes de los consultorios desde que el primer paciente se sentó frente al primer doctor para contarle con sus palabras los significados de su enfermedad.TESTOSTERONA NO REVIERTE ‘ANDROPAUSIA’
Aunque la administración de testosterona para combatir los efectos del envejecimiento en varones sigue en debate, un nuevo estudio holandés pone en duda que haya ventajas notorias asociadas con la suplementación mediante esa hormona sexual.
La investigación, efectuada por un equipo del Centro Médico de la Universidad de Utretch, no encontró beneficios netos en el desempeño funcional y cognitivo de 203 varones que finalizaron la prueba, en la que fueron tratados con dicha sustancia y comparados con un grupo de control.
“Durante la evaluación, la masa corporal magra aumentó y la masa de grasa se redujo en el grupo que recibió la testosterona, pero esos factores no fueron acompañados por un incremento en la movilidad funcional o la fuerza muscular”, argumentan los autores, liderados por Marielle H. Emmelot-Vonk.
El reporte, publicado en la edición de enero de 2008 del Journal of American Medical Association, refiere que la evaluación fue hecha mediante pruebas aleatorias y controladas con placebo (sustancia sin efectos medicinales que sirve como referente).
Los responsables del trabajo tampoco observaron cambios en la función cognitiva ni en la densidad ósea de los participantes que recibieron el suplemento, todos ellos varones de entre 60 y 80 años de edad, quienes recibieron durante medio año una dosis de 80 miligramos de undecanoato de testosterona dos veces al día, o bien la misma cantidad de placebo.
“Los hallazgos no apoyan un beneficio neto en diversos indicadores de salud y desempeño funcional y cognitivo tras seis meses de modesta suplementación con testosterona en hombres sanos con niveles sanguíneos de esa hormona en su rango más bajo”, escriben los galenos.
Hasta ahora los pocos estudios en ese sentido han sido hechos sobre todo con animales y escasamente en seres humanos, con resultados contradictorios que están lejos de ser definitivos.
Algunos plantean la necesidad de administrar a varones ancianos terapias de remplazo hormonal —similares a las que reciben las mujeres tras el climaterio— para mejorar su calidad de vida, mientras otros niegan incluso que exista la llamada “andropausia”, es decir, un equivalente masculino al cese del ciclo menstrual.
La “andropausia” y su manejo, a debate
Un ejemplo en favor es el profesor Fred Wu, del Departamento de Endocrinología del Hospital Real de Manchester, quien inició en 2005 un proyecto con 260 hombres mayores de 65 años para determinar el impacto de la testosterona.
“Los niveles de esta hormona masculina decaen en 1% aproximadamente cada año en los varones mayores de 40 años, lo que conduce a decrementos en la fuerza y tamaño de los músculos, así como al aumento en la grasa corporal y adelgazamiento de huesos”, expresó.
El equipo de Wu, que aún no revela sus conclusiones, mostró su esperanza de que, en caso de ser efectivo, el tratamiento fuera adoptado en Inglaterra como estándar para el tratamiento de los cambios asociados con el envejecimiento varonil.
Estos cambios incluyen también declive del interés sexual, fatiga, problemas de movilidad, sensación de debilitamiento y depresión. Por ello, la Organización Mundial de Salud ha reconocido la “urgente necesidad” de difundir información acerca del proceso normal de envejecimiento y promover que éste sea activo y positivo.
“Tests efectuados en hombres maduros y sanos sugieren que el remplazo de testosterona podría ayudar a revertir esos síntomas en los más ancianos y débiles”, expresó Wu en una afirmación que ha quedado en entre dicho a la luz de los hallazgos del equipo holandés.
Más aún: dos estudios realizados por la Clínica Mayo en EU en 2007 postularon que existe poca evidencia de que administrar testosterona suplementaria sea una acción libre de riesgos cardiovasculares o efectiva para tratar problemas sexuales.
En artículos difundidos por la revista Mayo Clinic Proceedings, el investigador Victor M. Montori pidió efectuar estudios más amplios para ayudar a los médicos y pacientes a tomar decisiones informadas acerca de cuándo deben prescribirse suplementos con esa hormona.
“La evidencia sobre si los hombres mejoran al ser tratados con testosterona es mucho más débil que la evidencia sobre dar estrógeno a las mujeres postmenopáusicas antes de que se realizaran los grandes ensayos clínicos con ellas”, consideró.
En México, donde en el año 2000 existían 3.2 millones de varones mayores de 65 años (INEGI), tampoco hay consenso sobre la conveniencia de aplicar terapias con testosterona.
De hecho, expertos como el doctor Fernando Ugarte, ex presidente de la Sociedad Mexicana de Urología, piden actuar con cautela y considerar a la “andropausia” más como una invención destinada a fortalecer las ventas de las compañías farmacéuticas que como entidad real.
*Fuentes: Journal of the American Medical Association, Universidad de Manchester, Organización Mundial de Salud, Mayo Clinic.LAS DOS CARAS DE LA VEJEZ
Por María José Lombardo:
Cerca de 1.7 millones de habitantes chilenos superan los 60 años de edad, de los cuales, más de 25 mil pasan sus últimos años lejos de sus familias, internados en casas de reposo o amparados por hogares de beneficencia . Alternativas surgidas a mediados de los 70 con el fin de atender y cuidar a la población senil.
Según las estadísticas, el 11.4 por ciento de los chilenos pertenece al segmento adulto mayor. Es decir, cerca de 1.7 millones de habitantes superan los 60 años de edad, de los cuales, más de 25 mil pasan sus últimos años lejos de sus familias, internados en casas de reposo o amparados por hogares de beneficencia . Alternativas surgidas a mediados de los 70 con el fin de atender y cuidar a la población senil.
Sin embargo, pese a que las dos opciones (hogares y casas de reposo), se preocupan por el bienestar de la población mayor; la inequidad entre ambas resulta innegable. Y es que, una vez más, el dinero parece dar la última palabra. Asi, quienes cuenten con los recursos para cancelar una casa de reposo, podrán gozar de una serie de beneficios acordes a sus necesidades; mientras los más desamparados tendrán que conformarse con la caridad ajena.
Dentro de las organizaciones privadas dedicadas a acoger a los adultos mayores, se encuentra "La Casa de mis papás". Una residencia para la tercera edad, a cargo de dos profesionaldes de la salud; la kinesiologa, Maria Cecilia Solorza; y la obstetra y enfermera, Luisa Maria Guzmán.
En términos médicos, la casa emplazada en la comuna de La Reina, ofrece a sus afiliadas una atención personalizada bajo la supervisión directa de sus dueñas; alimentación balanceada a cargo de nutricionistas, además de kinesioterapia diaria.
En cuanto a infraestructura, el lugar cuenta con amplios dormitorios, livings, comedores, terrazas y más de 3 mil metros de jardines para sus 15 residentes, que mes a mes deben cancelar entre 400 y 650 mil pesos, dependiendo de la habitación elegida.
En tanto, aquellos ancianos que no cuentan con el dinero para cancelar una institución privada, y que generalmente son la mayoría de este grupo etareo, se cobijan, diariamente, en hogares de beneficencia públicos, como es el caso del Hogar de Cristo, que solo en la región metropolitana ayuda a más de 2600 ancianos.
La iniciativa del Padre Hurtado, ofrece a los adultos mayores diversos programas de ayuda. Asi por ejemplo, el centro de integración del adulto mayor (CIAM), desde 1998 acoge, en promedio, a 110 personas mayores todos los dias, con el fin de fortalecer su autoestima y contribuir a su integración social.
La manera de concretar este propósito es a través de diversas actividades y servicios diurnos, entre los que destacan: alimentación, lavandería, actividades liturgicas, recreativas, culturales, artisticas, entre otras.Para la noche, en tanto, existen hospederias para hombres y mujeres, que los reciben a partir de las 5 de la tarde, hasta primera hora del dia siguiente.
No obstante, la brecha existente entre adultos mayores con dinero y ancianos sin recursos, hace un par de años llegó a Chile, otra forma de ayudar a la población longeva, Senior Living.
Se trata de la réplica de los senior home americanos.Un exclusivo condominio para los abuelos más adinerados, ubicado en un elegante barrio de La Dehesa.
El edificio de cuatro pisos, que cuenta con más de 4 mil metros cuadrados de jardines y finas terminaciones, se ha transformado en un verdadero paraiso para sus propietarios, que mensualmente cancelan cerca del millon de pesos por vivir en lujosas condiciones. Paredes con pasamanos, piso de madera antideslizante, enfermeria de emergencia, gimnasio, jacuzzi, oratorio y peluqueria, son solo algunos de los beneficios que entrega el nuevo proyecto inmobiliario.
Segun la doctora, Natasha Kunakov, y directora del recinto la idea es entregar las comodidades y servicios idoneos para satisfacer las necesidades de los adultos senior.
Pero mas alla de las condiciones economicas y la eleccion de un nuevo hogar, lo cierto es que en Chile la poblacion senil crece dia a dia, y son mas los ancianos que buscan un espacio en los distintos centros de acogida.VENCER EL ENVEJECIMIENTO
Mauricio Schwarz
Los seres unicelulares son, para todo efecto práctico, inmortales. Una ameba o un alga unicelular se reproducen subdividiéndose, y ambas células resultantes son igualmente jóvenes y capaces de realizar todas sus funciones vitales, incluida la de volver a reproducirse. Para estos seres, la muerte puede sobrevenir por un desastre de su entorno (como la falta de humedad), partículas venenosas, ataque de depredadores y otras formas, pero no por el envejecimiento.
Sin embargo, en un momento dado de la evolución, apareció el envejecimiento, la degradación por la edad. ¿Por qué envejecemos? Esta pregunta es todo un enigma al que se dedican los esfuerzos de numerosos científicos, porque en su respuesta puede estar el comienzo de otra mucho más importante, la respuesta a cómo podemos evitar, impedir, revertir o, al menos, ralentizar el envejecimiento. Y es que la aparición de la medicina con bases científicas ha provocado un bienvenido aumento en la expectativa de vida.
En todo el mundo, la duración media de la vida humana a principios del siglo XX era de unos 35 años, y hoy la media mundial es de 67 años, con expectativas cercanas a los 80 en las naciones con mejor acceso a la sanidad, mejor nutrición, drenaje y agua limpia. Esto plantea serios problemas de atención médica a problemas propios de la edad y la necesidad de que esa vejez prolongada tenga una adecuada calidad de vida, de modo que sea un disfrute para el individuo y no una carga para su familia y la sociedad, máxime cuando las previsiones de la división de población de la ONU indican que para el año 2050 la población humana será de más de nueve mil millones de personas, de las cuales una cuarta parte tendrá más de 60 años, es decir, un incremento de los 673 millones de personas mayores de la actualidad a más de dos mil millones.
Existen dos hipótesis sobre el envejecimiento que están siendo exploradas por la ciencia. Según una de ellas, el envejecimiento es la acumulación de daños a nivel de células y a nivel de tejidos. Según la otra, el está genéticamente programado como un 'suicidio' natural para despejar el camino a las nuevas generaciones una vez que el individuo se ha reproducido exitosamente. Existen evidencias que parecen apoyar ambas hipótesis, y sólo más estudios lograrán determinar cuál es la verdad. Entretanto, la lucha de la ciencia en el terreno práctico se orienta más hacia los síntomas y efectos del envejecimiento, tanto desde el punto de vista cosmético como del médico.
Cosméticos
Los expertos en el estudio del envejecimiento advierten sin embargo que ningún producto 'antiedad' tiene bases científicas para sus afirmaciones y que sus efectos reales son nulos, y en ocasiones incluso perjudiciales. En resumen, que la industria cosmética no sabe lo que aún no sabe la ciencia. Y la ciencia hoy sólo sabe manejar los procesos y manifestaciones del envejecimiento, pero no el envejecimiento mismo. Las afirmaciones de que es posible ralentizar, detener o revertir el envejecimiento (muchas veces parte de diversas seudomedicinas o supuestos 'tratamientos alternativos') se han hecho durante miles de años, y hoy son tan falsas como lo eran en el pasado. Los grandes promotores de propuestas 'alternativas' envejecen al mismo ritmo que el resto de la población, y algunas recomendaciones sin bases científicas, como el consumo excesivo de beta caroteno, melatonina y otras sustancias o pócimas, pueden tener efectos adversos importantes.
Muchas de las promesas antienvejecimiento promueven algunos mitos y preconcepciones sobre la edad. Por ejemplo, la idea de que con la edad se pierde inevitablemente la capacidad de aprendizaje. Los estudios demuestran que, salvo en los casos en los que existe un problema fisiológico, la llamada tercera edad no tiene por qué excluir el aprendizaje de habilidades nuevas, tanto físicas como mentales.
De hecho, con la excepción de quienes padecen el mal de Alzheimer, las probabilidades de sufrir una enfermedad mental grave disminuyen con la edad en vez de aumentar. Si bien la edad aumenta ciertas formas de demencia o falta de memoria, esto ocurre únicamente en menos del 50% de las personas mayores. Y es que existe otra tendencia, también sin bases, a considerar que todas las personas mayores o ancianos son iguales, cuando en realidad son tan distintos como cualquier otro grupo de edad. Igualmente es falso que nuestro oído decaiga junto con la visión al envejecer. En la mayoría de los casos, los problemas de audición que se hacen evidentes en algunas personas mayores comenzaron mucho antes, frecuentemente debido al entorno de su trabajo. Así, culpar a la edad de la pérdida de audición puede ser injusto, cuando esto tiene sus orígenes, por ejemplo, en la no utilización de la protección auditiva adecuada y necesaria en muchos trabajos. Conforme ha habido mejores protecciones para los trabajadores, menores son los problemas de audición entre la población de mayor edad.
¿Y el sexo?
Finalmente, el mito de que el envejecimiento equivale al fin de nuestra vida sexual ha sido derribado por numerosos estudios. Muchas veces, por el mismo desconocimiento de estos procesos, son las propias personas mayores las que perpetúan muchos mitos refiriéndose a sus problemas como si fueran producto únicamente de cumplir años y no de lo que han hecho o dejado de hacer.
Ello no quiere decir que no se luche con éxito para paliar muchos efectos de la edad. La prevención de algunos efectos como la osteoporosis en las mujeres comienza en la juventud y sus beneficios son notables. Una vida sana, sin excesos, con una alimentación adecuada, algo de ejercicio, un vaso de vino diario si gusta, y atención a las indicaciones del médico son un camino seguro para poder disfrutar de una vejez más sana, más prolongada y más activa junto con los nuevos medicamentos, prótesis y cambios en nuestro estilo de vida que ofrece la medicina especializada en la edad, la geriatría.EL ARTE DE ENVEJECER
José Antonio Hernández Guerrero
Aunque es cierto que los calendarios y los relojes sólo son unos instrumentos convencionales que, apoyados en los movimientos cíclicos de nuestro planeta, nos marcan los pasos en los que dividimos el correr continuo de la biografía humana, pienso que podríamos aprovechar estos cambios de fechas para reflexionar sobre nuestra personal manera de afrontar nuestro peculiar fluir vital y, de una manera más concreta, para examinar la forma con la que vamos alargando y alimentado nuestra existencia humana. Estoy convencido de que sería útil que, de vez en cuando, invirtiéramos algún tiempo en preparar la vejez, esa etapa de la vida que, por lo visto, cada vez es más larga y que, incluso, puede ser la más grata y la más fecunda.
El arte de envejecer tiene mucho que ver con la habilidad de crecer y, por lo tanto, con la destreza de cambiar. Esta afirmación teórica tan obvia a primera vista suele ser, sin embargo, escasamente tenida en cuenta en nuestra práctica cotidiana. Con frecuencia repetimos como un elogio que conservarse bien es mantener la juventud y, a veces, la niñez, de una manera indefinida: «Por ti no pasan los años» o «estás igual que cuando estudiábamos en la Facultad» son unas frases que repetimos con tonos y con intenciones elogiosos.
Nosotros pensamos que sabe envejecer quien, en vez de permanecer inmóvil en la endeblez y en la inconsciencia de la infancia, en las ilusiones y en el empuje de la juventud, y en la estabilidad y en la firmeza de la madurez, sigue caminando, aunque tenga que alterar el ritmo y la dirección de sus pasos. De la misma manera que nos resultan cómicas las imágenes de los ancianos ataviados con los vestidos que El Corte Inglés propone para la vuelta al cole de los niños de diez años, también nos provoca cierta risa benévola aquellos que emplean palabras impropias de su edad o los que adoptan actitudes juveniles cuando ya han atravesado el ecuador de sus vidas.
Pero hemos de reconocer que resulta aún más divertido y, al mismo tiempo, más triste, observar a quienes, presumiendo de que no siguen los dictados de las cambiantes modas, se aferran a los modos de sus ya lejanas adolescencias. Son unos comportamientos contraproducentes porque, en realidad, lo que consiguen es autoparodiarse. Convencidos de que «todo tiempo pasado fue mejor» han parado el reloj sin advertir que el tiempo seguía discurriendo de manera inexorable.
En mi opinión, esta actitud inmovilista puede ser un síntoma elocuente, más que de vejez, de un deterioro patológico mental y, quizás, el anuncio de una muerte social más o menos próxima. Pero lo peor es cuando ese parón se produce en una edad en la que biológicamente somos aún jóvenes. Desconectar del espacio circundante o alejarse del tiempo actual es renunciar a vivir la propia vida.
La marcha imparable de la edad, el cercano aliento de la enfermedad o la proximidad siempre inmediata de la muerte nos debería inducir, a mi juicio, a deleitarnos con una simple bocanada de aire puro, con la lectura reposada de un libro interesante, con la escucha relajada de una melodía o con una distendida conversación. El paso imparable del tiempo nos enseña a leer la vida con nuevos ojos y a comprobar cómo, simplemente, respirar con libertad puede ser el logro de un ansia suprema y el disfrute de un placer intenso.SE PUEDE SER REALISTA EN MATERIA DEMOGRÁFICA?
El envejecimiento de la población invalida presunciones. En economías centrales, los perfiles demográficos cambian. Según Naciones Unidas, el estamento mayor de 65 años puede alcanzar 20%, pero en algunos países el fenómeno se acentuará.
Por ejemplo, eso ocurrirán en Japón e Italia de ahora a mitad de siglo. En otros países –Estados Unidos, Gran Bretaña-, será más paulatino. Sea como fuere, indica Andrew Turnbull, de Booz Allen Hamilton, “estos procesos crearán problemas, no sólo en materia jubilatoria. También en el frente laboral”.
Si bien se comprende que hay cambios en gestación, sus implicancias son menos evidentes, particularmente en lo financiero. Pero antes es preciso dejar a un lado presunciones ya sin vigencia, según el experto.
Presunción 1: se trabaja lo suficiente para solventar la jubilación. Ya no, pues ha cambiado la relación entre años activos y pasivos. Verbigracia, hacia 1950 los británicos dedicaban 83% de la vida adulta a trabajar y 17% al retiro. Hacia 2050, la relación será 63% contra 37%, pues la gente pasará de cinco a apenas 1,7 de actividad por cada año de retiro. Como contrapartida, las personas hasta los 75 suelen subestimar el lapso pasivo y aportan menos de lo suficiente.
Presunción 2: La sociedad es más próspera, por tanto permite jubilarse antes de tiempo. Pero hay un inconveniente: se toman en cuenta la creciente longevidad y los costos asociados a ella. Probablemente, las personas serán más pudientes, pero su retiros serán más caros. Muchos suponen que su nivel de vida se mantendrá luego de retirarse, gracias a pensiones y rentas vitalicias indexadas. Pero la inflación es igual un riesgo generalizado, sobre todo tratándose de salud y otros costos en los últimos diez a quince años de vida.
Presunción 3: Resulta útil jubilarse antes de tiempo porque no hay bastantes puestos laborales para cubrir la oferta. “La idea de que los veteranos deben retirarse para dejar trabajo a los jóvenes –afirma Turnbull- ya no funcionaba en los años 80 y menos lo hace hoy. Sólo la mayor productividad eleva ingresos y gastos, por tanto crea demanda laboral”. A su juicio, pues, lo otro es “una seria falacia. Hacer retirarse a los mayores de cincuenta, máxime si son profesionales o especializados, deteriora el capital humano”.
Presunción 4: Ingresos y posición suben linealmente y la gente se jubila en su máxima jerarquía. En algunos países, las normas laborales dificultan seguir trabajando una vez alcanzada la edad de retiro o ya oficialmente fuera de una compañía. Perpetuar esta variante reduce flexibilidad organizativa y promueve un culto a la veteranía. Pero éste es el modelo predominante, que genera una situación sostenida por los planes jubilatorios mismos.
Presunción 5: Se acumulan activos en la fase activa y se gastan en la pasiva. En las economías centrales, la ente tiende a invertir en acciones o bonos cuando es joven y en renta vitalicia u otros instrumentos de rinde fijo a medida como envejece. Sin embargo, no es posible frenar prematuramente el crecimiento de ingresos básicos. Una entrada segura a los 65 años no compensará la declinación de ingresos relativos los 30 o 35 años subsiguientes. En efecto, será preciso invertir en fondos o acciones durante los primeros años de retiro, de otro modo la jubilación no alcanzará.
Presunción 6: durante el retiro no habrá más de una mudanza. La vivienda al momento de jubilarse será excelente para sesentones con coche, pero quizá no lo sea más tarde. En algunos países, empero, hay déficit de unidades adecuadas para diversas etapas de vejez, especialmente si disminuye la movilidad. Por consiguiente, muchos jubilados continúan ocupando casas demasiado grandes y caras de mantener.
Presunción 7: el estado debe prestar servicios sociales y médicos a la gente mayor, sin impedir que los hijos hereden parte importante de sus bienes. Esto irrita a Turnbull, a cuyo criterio, similar al de la Reserva Federal, “el cambio de relaciones demográficas tornará en extremo costosas esas prestaciones. Hacia 2060, EE.UU. habrá apenas 2,2 personas en actividad por cada jubilado, contra 5,2 en 1950. Por ende, el gobierno deberá reducir sus compromisos ante el sector pasivo e insistir en que se usen activos personales para solventar gastos médicos, no dinero de los contribuyentes”.
De una forma u otra, el estudio de Booz Allen Hamilton es pesimista respecto de casi todas esas presunciones. En un matrimonio que llega a los 65, existe 50% de posibilidades de que alguno de ambos alcance los 90 y 17% de que cumpla los cien. Por tanto, “debe admitirse que la longevidad ya no es excepcional en las economías centrales y tenerla en cuenta al planear el futuro”. Las personas deben prepararse para trabajar más años, capacitarse más y ser flexibles en lo laboral. Ello presupone inclusive abandonar una posición alta en aras de una con menores exigencias o diferir parte de la renta jubilatoria para mejorarla después, cuando realmente la necesite.
Para que la receta de Turnbull funcione, sin embargo, también deben cambiar las organizaciones privadas y públicas. “Han de configurarse modelos innovadores, para que las responsabilidades gerenciales pasen a equipos más jóvenes. Nuevas funciones de asesoría o atención de clientes podrán ocupar a managers veteranos, de modo que las empresas sigan beneficiándose de su experiencia y buen juicio”.
Encarar los problemas del envejecimiento poblacional es complejo. Se precisa eliminar restricciones al usufructo de jubilaciones privadas y crear opciones financieras más apropiados para gente longeva. Los planes, públicos o privados, debe suprimir incentivos al retiro temprano y ofrecer mejores opciones a quienes difieran la fecha de jubilación. Las rentas vitalicias han de incluir cláusulas de crecimiento con riesgos controlados luego del retiro.EL TRASTORNO DEL FUTURO
Pedro Barra Fuenzalida
La enfermedad de Alzheimer es un trastorno cerebral progresivo que destruye en forma gradual la memoria de las personas y su capacidad de aprender, razonar, formar juicios,
A medida que la enfermedad avanza, las personas que la padecen pueden experimentar cambios de personalidad y conducta tales como, ansiedad, recelo o agitación, como también delirios o alucinaciones.
En las etapas tardias, los individuos que sufren de Alzheimer necesitan ayuda con la vestimenta, la higene personal, la alimentación y otras funciones elementales. Las personas con Alzheimer fallecen de cuatro a seis años después de haber sido diagnósticadas, pero la duración de esta enfermedad puede variar entre los tres y veinte años.
Mas de cien años despues de su descubrimiento, por el médico Alemán Alois Alzheimer, los expertos temen que el número de afectados se duplique cada veinte años. Cada año se detectan 4,6 millones de nuevos casos de la enfermedad, lo que equivale a un caso en cada siete segundos, según la Orgnización Mundial de la Salud, en un reciente informe sobre enfermedades neurológicas, que recoge estimaciones realizadas en el 2005, por expertos internacionales.
En 2001, el 60 por ciento de las personas que padecían el mal de Alzheimer o demencias relacionadas, vivía en los países en vías de desarrollo, esta cifra podría aumentar en un 70 por ciento en el 2040, según el mismo estudio, publicado en la revista médica británica The Lancet.
Esta enfermedad del futuro, según la expresión del especialista frances Bruno Dubois, sigue siendo desconocida e incurable, aunque con un diagnóstico precoz, y el apoyo de ciertos medicamentos y estímulos cerebrales, se puede retrasar la perdida de memoria y el deterioro de las facultades intelectuales.
No se conoce una única causa de la enfermedad de Alzheimer, sin embargo, durante los últimos quince años, los científicos han aprendido mucho sobre los aspectos que pueden tener cierta influencia.
Hay factores de riezgo que no puedes manejar, como:
La edad. La posibilidad de desarrollarse se duplica cada cinco años a partir de los 65, y a los 85, el riezgo alcanza el 50 por ciento.
La historia familiar. Si un padre, hermano, hermana o hijo tuvo la enfermedad.
* Los Genes. Científicos ya conocen dos tipos de genes que involucran el Alzheimer.
También deben considerarse:
Lesiones en la Cabeza: Parece que hay un vínculo fuerte entre las lesiones serias de la cabeza y el riezgo de desarrollar Alzheimer.
Conexión corazón-cerebro. Cada vez hay mas evidencia vinculando la salud del cerebro con la del corazón. El riesgo de desarrollar Alzheimer o demencia vascular parece incrementarse por muchas condiciones que dañan el corazón o las arterias, como hipertensión, enfermedades cardíacas, apoplejia, diabetesy colesterol alto.
Envejecimiento Sano. los científicos también sugieren que las estrategias para un envejecimiento saludable pueden ayudar a mantener el cerebro sano y protegido del Alzheimer y las enfermedades relacionadas, para eso, mantén tu peso dentro de lo recomendado, adopta una nutrición para tus neurónas, evita el tabaco y exceso de alcohol, manténte socialmente conectado y ejercita tu cuerpo y mente, hay ejercicios específicos para tu cerebro, para mantenerlo en forma.
Ejercicios que mantienen joven al cerebro
Se sabe que como adultos tienenemos más facilidad para realizar las tareas que ya conocemos, como hacer ejercicios de vocabulario, buscar analogías o resolver problemas de la vida diaria, y tienemos más dificultades con las tareas nuevas, que exigen habilidades que no se practican o no se han utilizado, en experiencias vitales, como los problemas de lógica o ejercicios de abstracción. Todas las habilidades pueden mejorarse con el ejercicio adecuado:
• Mantente Informado. Está comprobado que cuántos menos cálculos se hacen, mas difícil es calcular y que cuanto menos se piensa, más cuesta pensar. En cambio la gimnasia cerebral desarrolla las neuronas, las mantiene activas y receptivas. Para hacer ejercicio cerebral, basta con leer, hablar y mantenerse al día en materia informativa, pensar y razonar con otras personas los problemas cotidianos de la sociedad aún mas.
• Mejora tus habilidades intelectuales. Para aumentar la velocidad de percepción, la atención, el razonamiento y la memoria, desarrolla actividades que exijan la puesta en marcha de estas capacidades. Práctica deporte, lee, escribe, haz manualidades, juega a las cartas o a los video juegos.
• Juega con letras y números. Desde los crucigramas o el juego de palabras cruzadas, hasta las sopas de letras, estimulan las capacidades lingüisticas, la agilidad mental y la habilidad del cálculo.AMÉRICA LATINA: Prepararse para la vejez
Daniela Estrada
La mayoría de los países en desarrollo deben destinar entre 0,5 y dos por ciento de su producto interno bruto (PIB) al financiamiento de pensiones sociales universales para mantener a las personas de edad avanzada alejadas de la pobreza extrema.
El costo de sistemas de seguridad social más desarrollados, que cuenten con elementos contributivos, es más alto: entre seis y 10 por ciento del PIB, puntualizó Ocampo.
Según proyecciones de CEPAL en 2050 existirán casi 2.000 millones de personas de 60 años o más edad en el mundo, 80 por ciento de las cuales vivirán en países en desarrollo.
Dado que América Latina y el Caribe se encuentran todavía en la segunda transición demográfica (reducción de la fecundidad y aumento de los adultos en edad laboral), las proyecciones indican que se pasará de 49 millones de adultos mayores en 2005, que equivalen a 8,8 por ciento de la población total, a 189 millones en 2050, que representarán 24,1 por ciento del total de habitantes.
Los países industriales atraviesan la tercera transición demográfica, que se caracteriza por un largo periodo de descenso de la fertilidad y la mortalidad, por lo que sólo aumenta la proporción de personas de más edad.
Actualmente 80 por ciento de la población mundial no tiene una cobertura de seguridad social, y se prevé que, de no haber un cambio en las políticas, unos 1.200 millones de personas mayores pueden enfrentar inseguridad de ingresos para 2050.
"Nuestras sociedades (latinoamericanas) aún no están plenamente preparadas para abordar los desafíos que derivan del envejecimiento poblacional", afirmó Dirk Jaspers-Faijer, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía de la División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
"Los riesgos que provoca el envejecimiento en la economía, la salud y la cultura, se deben más a la inexperiencia y escasa visión de futuro para abordar el tema como un asunto público que preocupe a los Estados, que al proceso de cambio demográfico en sí", remarcó.
El informe destaca que el envejecimiento refleja el progreso humano, dado que significa mayor longevidad y menor mortalidad, y debe considerarse una oportunidad para incorporar activamente a los adultos mayores a la sociedad, pero a la vez implica importantes desafíos.
El crecimiento de la fuerza laboral va a desacelerarse o incluso a tornarse negativo, lo que puede afectar la actividad económica.
Asimismo, esta tendencia demográfica puede perjudicar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones de vejez y de salud.
El estudio plantea que hay cuatro "respuestas cruciales" ante este escenario: aumentar la participación laboral femenina, eliminar incentivos a la jubilación anticipada, mejorar el ambiente laboral para los trabajadores de edad avanzada y aumentar la productividad laboral.
Un aspecto clave en los países de la región es la construcción de sistemas de pensiones de vejez, ya que se ha comprobado que existe una estrecha conexión entre la cobertura de la seguridad social y la pobreza en edades avanzadas.
Algunos de los países que desarrollaron más tempranamente sistemas de este tipo son Uruguay, con cuenta con 78 por ciento de cobertura, Brasil, con 77 por ciento, Argentina, con 56 por ciento, y Chile, que abarca 55 por ciento de los adultos mayores.
Entre los países con insuficiente cobertura están Haití, con uno por ciento, Bolivia, con 11 por ciento, Paraguay, con 12 por ciento, y México, con 20 por ciento.
El estudio afirma que no existe una fórmula universal para la construcción de los sistemas de pensiones, pero que sí existen principios rectores: acceso universal, solidaridad, igualdad (de género), beneficios adecuados para evitar la pobreza y sostenibilidad financiera.
De esta forma, los sistemas de seguridad de ingresos deben tener múltiples pilares, diseñados de acuerdo a las condiciones y preferencias de cada país.
Los dos más importantes son el pilar no contributivo, que implica la entrega de una pensión a todos los y las mayores de 60 años, y el pilar contributivo, enfocado a reemplazar cierto nivel de salario. En este último caben los sistemas privados de capitalización, del cual Chile es pionero.
No obstante, Ocampo señaló que "no hay evidencia de la superioridad del sistema de capitalización" por sobre el de reparto. "Cualquier sistema depende del crecimiento económico del país", explicó.
En 1981, el entonces dictador chileno Augusto Pinochet (1973-1990), reemplazó el antiguo sistema de reparto por uno de capitalización individual, creando las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), sociedades anónimas que recaudan e invierten en Chile y el extranjero los ahorros obligatorios de los trabajadores chilenos.
Pero sus magros resultados llevaron a la actual presidenta Michelle Bachelet a enviar un proyecto de ley de reforma al Congreso legislativo, actualmente en discusión. Esta iniciativa contempla la entrega de una Pensión Básica Solidaria (PBS) para aquellos trabajadores más pobres que no puedan ahorrar para su jubilación durante su vida laboral.VEJEZ, TRABAJO Y OPORTUNIDADES
Escrito por Pilar Medina
Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los países en desarrollo muestran una disminución de la natalidad que indica que en el futuro habrá mayor cantidad de perosnas de la tercera edad y menos fuerza laboral joven.
Se calcula que para el 2050, más de 2000 mil millones de personas tendrán más de 60 años y el 80% vivirá justamente en países en desarrollo.
Varias conjeturas o dudas surgen a partir de estas afirmaciones. La primera y más obvia es que la solución parece ser que las familias sean más numerosas, sin embargo, la situación económica actual, las dificultades para tener un trabajo que permita vivir dignamente con más de dos hijos y la edad en que las parejas decide tener familia impide que la solución sea rápida y sustentable.
En segundo lugar,podemos estar tranquilos en el sentido que los avances tecnológicos no sólo permiten al ser humano vivir más, sino también en mejores condiciones, lo que garantiza que esa fuerza laboral de mayor edad, no necesariamente será poco productiva, ineficiente por condiciones físicas, sino que tendrán un estado de salud compatible y la experiencia.
Sin embargo, también tenemos una tercera situación que se presenta. Me refiero a la falta de oportunidades para quienes comienzan su vida laboral debido a la presencia de quienes aún están en condiciones de trabajar y pueden hacerlo a pesar de estar en edad de jubilar.
Es trágica la frase "hay que matar a uno para tener ese puesto", pero se hace cada vez más patente y dolorosa para cientos de jóvenes que no encuentran trabajo porque simplemente la oferta es escasa.
Y es que el conflicto surge porque estamos en un país en que jubilar es poco conveniente, a lo más se aspira a tener un poco más de la mitad del sueldo al hacer el trámite, pero el cambio se produce justamente cuando, por cuestiones de edad, hay gastos extras.
Y es aquí donde surgen mis dudas: ¿Será la solución subsidiar a las parejas para que tengan niños y contar así con una futura fuerza laboral más joven? ¿Se debería subsidiar las jubilaciones para que se produzca mayor movilidad de la fuerza laboral? ¿Tal vez la solución radica en mejores sueldos que eviten al Estado el gasto en subsidios y las jubilaciones sean mejores, además de permitir a las familias tener más hijos?
Sea cual sea la solución, es de esperar que esta realidad comience a ser tomada en serio y se planifique en torno a lograr que nuestros ancianos tengan una jubilación digna y una vida tranquila y que los jóvenes tengan la oportunidad de trabajar.CONSIDERACIONES SOBRE EL ADULTO MAYOR
Dr. Antonio Arbulú Neira
Cuando hablamos de envejecimiento lo hacemos desde la psicogerontología, ciencia que trata del envejecimiento desde el ámbito psicológico, desde una perspectiva científica, práctica y psicosocial. Envejece el individuo y envejece la sociedad.
Al considerar la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social de primer orden, en cuanto las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico (poblacional) con intereses propios, se exige a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el desempeñar roles que den sentido a sus vidas, el desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se de fin a la marginalidad, a la inseguridad, a la falta de calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos, que forman parte del imaginario social que envuelve el proceso de envejecer.
El índice de vida se ha incrementado, hay un incremento poblacional y los recursos destinados a las diversas acciones para esta franja poblacional no se ha incrementado en la misma proporción.
Envejecer, visto desde la perspectiva de una persona joven o adulta joven, puede suponer un proceso todavía un tanto lejano, sin embargo si tenemos en cuenta que múltiples funciones biológicas y fisiológicas a partir de los 30 años empiezan a funcionar con una capacidad que se va reduciendo, debemos replantearnos eso de que el proceso de envejecimiento es algo lejano en nuestras vidas.
No se puede evitar envejecer, se puede evitar y cuidar del envejecimiento patológico (no natural).Envejecer es un hecho, pero hay que verlo no sólo desde el punto de vista negativo, porque la sabiduría sólo se puede poseer disponiendo y gastando en general bastante tiempo. Hay que verlo además como un continuo proceso de desarrollo, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades, nuevos intereses, y si se ha perdido a la pareja, nuevos amores también; que hacen la vida cada día más interesante.
Abusos que se presentan con frecuencia en este periodo de la vida
Se sabe que estos devienen de tres fuentes:
1. Gubernamental: No se dispone de partidas que financien centros de atención médica, psicológica y legal; así como centros de esparcimiento para este grupo poblacional.
2. Social: Aquí se encuentran los mitos y las especulaciones sobre los aspectos negativos de las personas adultas mayores. No se brindan oportunidades de encuentro generacional, para ellos; como clubes o asociaciones, faltan puntos de encuentro para departir, y recreacionarse. Se asume que esto es para las nuevas generaciones, que tienen que "aprovechar la juventud y disfrutarla", ¿es que acaso para disfrutar hay edad? Y el bailar, porque es muy apreciado el baile entre los jóvenes, al respecto abundan las Academias de bailes para estos; y me pregunto, ¿porqué no para los adultos mayores?. La danza, el baile es una terapia en sí, el hombre danzó desde los inicios de la humanidad, el bailar es saludable. Las músicas representan los estilos de vida y las edades; los adultos mayores que viven con la segunda y tercera generación (hijos y nietos),se ven obligados a escuchar ritmos actuales, que no los estimula ni les atrae bailarlos, y si lo hacen, por lo regular, los ridiculizan en sus propios hogares. Tienen derecho a sus propios espacios musicales, a encuentros intersociales, donde el bailar sus ritmos forma parte de su identificación y reconocimiento con sus coetáneos, se sienten felices así.
3. Familiar: Es en la familia donde se observa más agresiones de toda índole. Una forma de agresión sutil pero muy invasiva es ir desplazándolos a lugares secundarios, restándoles importancia a sus opiniones y en el extremo de esto, el hacerles callar. Así pasan por una segunda jubilación: la primera laboral y la segunda familiar: Lo cual va creando un terreno propicio para el desarrollo de la Depresión, que puede tener consecuencias fatales. No les propician una adecuada calidad de vida.
Una forma evidente de invasión es la violación de la intimidad; la sociedad filocéntrica (centrada en los hijos) promueve que en los hogares vivan 3 generaciones: los abuelos, los hijos y los nietos: No es raro que estos sean colocados en la habitación de los primeros,"para acompañar a los abuelos", invadiendo así su privacidad y limitando a los mayores en sus acercamientos íntimos; no saben o no consideran que el deseo sexual no desaparece con la edad y se asocia la actividad sexual sólo con el coito penetrativo, y existen otros modos de disfrutarla como los abrazos, los besos, las caricias.
Los "propios sobrevalorados"; sucede muchas veces que hijos cuyos padres les brindaron oportunidades profesionales, ahora se muestran soberbios, ante la poca cultura de sus padres, llegando a no presentarlos y a no incluirlos en sus relaciones sociales, ahora se avergüenzan del inculto que los culturizó. Esto hiere profundamente la sensibilidad de los adultos de la tercera y cuarta edad, que comienzan a aislarse y a deprimirse.
La frialdad afectiva o indolencia afectiva: no los acarician, no los escuchan, hay una suerte de ignorancia frente a las necesidades de afecto, de compañía y hasta de protección de los adultos de esta etapa.
No preocuparse de sus atenciones médicas y se descuidan de sus medicamentos, es una forma también de violencia.
El extremo de la violencia: maltratarlos físicamente, verbalmente, psicológicamente. Otra manera es asilarlos, como una carga pesada que ellos (los hijos) no pueden llevar. No hay peor soledad, que la soledad impuesta, teniendo familia de toda la vida. No pueden disfrutar al final de la misma de las personas que son muy importantes en su corazón, les espera así un final sin el consuelo de despedirse de los que tanto amaronENVEJEZCA PLENAMENTE
Rubén D. Merel
Una de las principales aspiraciones del adulto mayor es envejecer plenamente, pero lograr esa longevidad en aceptables condiciones físicas y mentales va a depender de su estilo de vida.
Para una cantidad plural de geriatras, el envejecimiento es un proceso natural del que se desconoce mucho todavía.
Investigaciones recientes han estado dirigidas a encontrar claras señales, indubitables, de la forma como se lleva a cabo el envejecimiento.
Cuando se realice este hallazgo, los médicos estarán en condiciones de predecir la cantidad probable de años que se podrá vivir y en qué condiciones, y hasta la época en que se producirá la muerte del paciente. Pero hasta el momento no se han hallado los marcos de referencia que permitan determinar ciertos misterios relacionados con la longevidad, hasta ahora celosamente guardados por la madre naturaleza. Afirma un conocido geriatra norteamericano que todos nosotros sufrimos algún grado de decaimiento irreversible, que se traduce en la debilidad de algunos huesos, en la reducción de la capacidad pulmonar y en preocupantes deficiencias cardíacas. Sobre la causa de estos problemas, aún se investiga.
En cambio, se ha determinado que el aumento de peso y la falta de fuerza muscular están ocurriendo debido al sedentarismo en la vida del paciente, en la falta de ejercicios, lo que es de capital importancia para lograr una vida sana tanto física como mental, tal como dijera Juvenal: "Mens sana in corpore sana".
Después de estas consideraciones, estamos en condiciones de afirmar que la longevidad, más que un asunto hereditario, es una cuestión de estilo de vida.
Por esto, decimos a los pacientes, especialmente a los adultos mayores, que lo más aconsejable que pueden hacer para el logro de una vejez en medio de una mejor calidad de vida, es hacer ejercicios moderados y, sobre todo, conservar una buena nutrición. Estas son indicaciones que los médicos han recomendado en repetidas ocasiones y que, hablemos claro, muchos pacientes no están cumpliendo debidamente. Como resultado de estas omisiones, surgen accidentes que interrumpen la vida de personas que bien pudieran haber vivido 100 años o mucho más, porque la medicina ha adelantado asombrosamente y sigue obteniendo positivos logros a medida que avanza este milenio.
Estudios llevados a cabo por especialistas indican que si el adulto mayor realiza ejercicios regularmente e ingieren alimentos antioxidantes, especialmente los que contienen vitaminas C, E y betacarotenol, se pueden reducir las fuerzas que causan daños, a veces irreversibles en nuestro organismo.
Los geriatras afirman que si se pudiera retardar el proceso del envejecimiento y poner una barrera a las enfermedades crónicas, el ser humano disfrutaría su vigor e independencia por mucho mayor tiempo.
Hay una vieja teoría aún en boga y es que la herencia incide en el rápido envejecimiento de las personas, pero la misma no tiene asidero científico según se ha demostrado a la luz de la experimentación en laboratorios de alta eficiencia y de moderna tecnología. Está demostrado que la calidad de vida es crucial en la forma como envejece el ser humano.
En conclusión, traemos las palabras lapidarias de un geriatra muy respetado a nivel mundial, "No hay forma de evitar el envejecimiento. Lo que sí se puede lograr es hacerlo más lento".
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